Etiquetas con letra pequeña

JUAN QUINTANA

Llevamos muchos años consumiendo alimentos, algunos pertenecientes a conocidas empresas lácteas, etiquetados con los indicativos bio, eco, orgánico o biológico. Estas menciones nos inducen a asociarlos a una procedencia que no les corresponde, o al menos así lo han creído los productores ecológicos.

Desgraciadamente en España el hábito de la lectura no está muy extendido y menos aún cuando se trata de leer las etiquetas de los alimentos, salvo la fecha de caducidad. Si lo hiciéramos nos habríamos dado cuenta que la calidad y orígenes de estos productos poco tienen que ver con la de sus sanos hermanos, los alimentos ecológicos. Suele ser la letra pequeña, la que no leemos, la que nos aclara que los bio o eco no eran lo que parecían.

Ahora ya no basta con que la letra pequeña de las etiquetas sea clara. Para alegría de los numerosos productores y elaboradores ecológicos, habrá que eliminar como tarde antes del próximo 1 de julio toda letra pequeña o grande que confunda al consumidor y por tanto perjudique a los operadores de este sector.

Competitividad

La producción ecológica obliga a unos sistemas de explotación específicos, más laboriosos y, en muchos casos, menos eficaces que los de la agricultura convencional e incluso la integrada. Por tanto, la incorporación de connotaciones ecológicas era sin duda una desleal competencia para las explotaciones certificadas por los exigentes comités y consejos reguladores.

En España tenemos unos volúmenes de producción por debajo de la media europea, un consumo interno muy bajo y unas producciones que en su mayoría se dirigen al mercado exterior. Pero en Extremadura, donde el sector alimentario tiene una especial relevancia, las producciones ecológicas mantienen un continuo crecimiento. En total son más de 92.000 hectáreas que afectan a unos 4.450 operadores. La segunda comunidad autónoma en importancia por detrás de la Andalucía, con el 12,5 por ciento de la superficie y el 25 por ciento de productores y elaboradores. El 80 por ciento de la superficie está dedicada al cultivo ecológico del olivar y a los pastos, praderas y forrajes. Praderas ecológicas que alimentan a los animales criados en las 240 explotaciones ganaderas con este marchamo, fundamentalmente de vacuno de carne y en menor medida ovino de carne.

La reciente entrada en vigor de este Real Decreto que obliga a eliminar de las etiquetas los cuatro términos referidos al comienzo de este artículo, va a dar amparo a un sector muy sensible que en ningún caso puede competir con la gran empresa agroalimentaria. Una regulación que nos equipara al resto de los países europeos donde normativas de similares características ya estaban vigentes.

Vago conocimiento

Pero el verdadero problema radica en por qué el consumidor ha llegado a confundir un producto bio con uno ecológico. La identificación de los alimentos ecológicos está bien diferenciada, con contraetiquetas claras y visibles que los distinguen del resto. Quizá la explicación la podemos encontrar en el vago conocimiento que todavía tiene el consumidor español de estos sistemas productivos. Una realidad fundamentada en la poca y poco continuada promoción y en su limitada y defectuosa red de distribución y venta. Algo que no se solucionará con una regulación que va a implicar nuevos costes en marketing y publicidad para la agroindustria pero que, lamentablemente, no va a incrementar el consumo de alimentos ecológicos de la región.

La Unión Europea va a cofinanciar con el 50%, el coste de 25 programas de promoción de productos agrícolas europeos. Un coste total de más de 50 millones de euros. Lamentablemente se vuelve a dejar escapar una oportunidad magnífica para promocionar los sabores ecológicos de nuestros campos. Al final el programa aprobado para España va dirigido a productos con Denominaciones de Origen Protegidas (DOP), Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP) y Especialidades Tradicionales Garantizadas (STG), sin incluir específicamente los que aquí nos ocupan. Una lástima, sin duda.

También el futuro Reglamento de Alimentación Ecológica que se prevé este aprobado en 2009, deberá facilitar el entendimiento entre el sector y los consumidores. También contribuirá a resolver los complicados requisitos que existen en la actualidad para certificar estas producciones. Requisitos que fuerzan a muchos operadores a no certificar como ecológicos unos productos que de hecho sí lo son. Un plazo demasiado largo para algo que, a priori, no parece tan difícil de articular.