No interesa

ANTONIO SÁNCHEZ-OCAÑA

Con situaciones así, uno no sabe si echarse a reír como un loco de frenopático, a llorar por tanto desesperado e indefenso profesor en activo o dejarme de mandangas y empadronarme directamente en Pernambuco. Seguiremos estancados en los puestos de cola de la riqueza, el desarrollo, la renta y los PIB pero ya hay datos o indicadores, como dicen los analistas y expertos, que nos hablan de futuros repuntes que nos permitirán situarnos, en no mucho tiempo, en niveles parecidos a los que se dan en el resto de la federación de naciones ibéricas, incluidas las más insolidarias y ricas. El problema es que esta situación no es para estar orgulloso, sino todo lo contrario. Por mucho que hayamos salido ayer en los telediarios, al margen de crónicas negras y de las 'boutades' a las que nos tenía acostumbrados Ibarra, que parece haber perdido fuelle dialéctico últimamente.

El caso es que , si no recuerdo mal, es la primera vez que la nación vetona-lusitana sale en los partes televisivos por una noticia, por desgracia, ya habitual en otros estados íberos, celtas y celtíberos: la agresión a un menor en un centro docente por parte de sus compañeros. El caso, sostiene más de uno, expone el problema de la falta de respeto hacia los otros (incluido el ya desautorizado profesor) existente en la sociedad y en las aulas. Avisados estamos. El próximo paso del culebrón informativo que se nos viene, si nadie pone cordura y remedio, puede ser la agresión a padres y a abuelos (por negarles un capricho); o a ediles, indigentes, amas de casa y a usted mismo, por pura diversión. Es lo que llevamos visto en pueblos ibéricos más supuestamente civilizados, como los layetanos, vascones, turdetanos, carpetanos, galaicos, edetanos o ilergetes. Dicen los que saben que es parte del precio social a pagar por la comodidad de muchos padres para quienes educar en responsabilidad y valores es reprimir y para los que la educación no compete al hogar sino sólo a las aulas. Pero esto no vende.