Una cuestión de supervivencia

El ébola, el sida y el SARS son tres ejemplos de enfermedades venidas de los animales

FERMÍN APEZTEGUIAREDACCIÓN

«Los experimentos con el virus de la gripe que la naturaleza está haciendo en Asia pueden constituir la mayor de todas las amenazas biológicas. No hay más tiempo para hablar. Debemos prepararnos». El director de Virología del hospital infantil Saint Jude de Memphis, en Estados Unidos, Robert Webster, se valió ya en 2003 de la reconocida revista 'Science' para alertar a la población mundial del peligro que supone esta epidemia. En cualquier momento, no se sabe cuándo, el microbio que ha matado ya a millones de pollos y unas decenas de humanos cambiará de estructura, mutará, y provocorá una catástrofe sanitaria de consecuencias impredecibles. Tal vez ocurra dentro de diez años o quizás mañana mismo, pero sucederá.

El de la gripe aviar no es un caso único. La historia reciente está llena de ejemplos de virus procedentes de especies animales que se han visto obligados a transformarse y que, como consecuencia de esos cambios, han causado grandes problemas para la salud humana. Para ellos, que mutan por mera supervivencia, son sólo daños colaterales.

La fiebres hemorrágicas del Ébola, que llevan treinta años castigando a la República Democrática del Congo y Sudán, se deben a un virus de origen animal. La famosa neumonía asiática de 2003, también conocida como Síndrome Respitatorio Agudo y Severo (SARS), pasó a la especie humana de las civetas, unos mamíferos parecidos a los tejones que se comercializan en los mercados de China. Y el sida, que ha matado ya a veinte millones de personas e infectado a otros cuarenta, se cree desde 1999 que llegó al hombre a través del consumo de carne de chimpance.

El virus de la gripe consta de ocho genes, según explica el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Santiago Juan José Gestal Otero. Seis de ellos no funcionan bien con las células humanas, pero los otros dos (H5N1), sí que pueden hacerlo. Lo normal es que un virus que ataque a los pollos no provoque daño alguno a una persona. El ser humano no es su hábitat. Hay una barrera natural que impide que las enfermedades circulen libremente entre las especies. Pero a veces lo consiguen.

Es entonces cuando surge el problema, cuando el virus aviar se cuela en el cuerpo de una persona infectada por la gripe humana. «No es fácil que suceda; requiere una convivencia muy estrecha de las especies», detalla el especialista, jefe de servicio de Medicina Preventiva del hospital de Santiago. «Las células del individuo actúan como un laboratorio y la mezcla de ambos virus, su recombinación, acaba por generar un microbio nuevo, un virus aviar humano». Ese organismo ya ha nacido. Se llama H5N1 y, por ahora, sólo es capaz de pasar de las aves a las personas, aunque su campo de acción podría ampliarse con una nueva recombinación.

Existe, además, otra posibilidad. El año pasado, dos laboratorios lograron reconstruir mediante técnicas de ingeniería genética el virus que causó la epidemia de gripe de 1918. Siempre se había creído que aquel ingenio de la naturaleza se había creado, como el H5N1, por una fusión de virus. Pero no fue así. Era sólo un microbio aviar que se coló en el organismo humano y fue adaptándose a él poco a poco hasta conocer sus puntos flacos y convertirse en su peor enemigo. Murieron entre 20 y 40 millones de personas. «No hay que alarmarse», dice Gestal Otero. «De momento, no se ha producido la transmisión interhumana del virus de la gripe y cuando se produzca, lo veremos por televisión. Lo mismo que a una guerra, asistiremos en directo al comienzo de la pandemia».