El acusado de matar a su mujer reconoce el crimen, pero dice que no recuerda cómo lo hizo

Fiscal y acusación coinciden en calificar la muerte de María del Carmen Morera como asesinato con la atenuante de drogadicción El imputado había fumado porros y tomado cocaína antes de la pelea con su mujer en su casa de San Vicente de Alcántara

M.M.BADAJOZ

«Estábamos peleando y caímos al suelo, y cuando me quise dar cuenta vi que tenía un cuchillo en la mano. No recuerdo bien cuándo lo cogí, o si estaba en la mesa. Fue rápido. Yo no quería haber hecho eso. Lo que quería era la felicidad de mi mujer». «Quería que me aclarara si me era infiel». Con estas frases atropelladas explicó ayer Jorge Antonio D.C., de 37 años de edad, el suceso que acabó con la muerte de su esposa, María del Carmen Morera, de 34 años, la noche del 22 de octubre de 2003 en su casa de San Vicente de Alcántara. Jorge Antonio, que está en prisión desde entonces, está siendo juzgado en la Audiencia Provincial de Badajoz por este crimen. Se le acusa de haber asestado ocho cuchilladas a su mujer, una de ellas mortal en el cuello, y de haber intentado simular que la mujer se había suicidado.

Tanto el fiscal como las abogadas que representan a la familia y al Instituto de la Mujer de Extremadura le acusan de asesinato, con la atenuante de drogadicción. Un jurado popular será el encargado de emitir el veredicto. El juicio continúa hoy.

Celos y drogas

En la sesión celebrada ayer Jorge Antonio insistió una y otra vez en ofrecer la misma versión: que tras la cena y después de que sus hijas se fueran a la cama, discutió con su mujer, empezaron a pelear, forcejearon y se cayeron al suelo. Pero negó que fuera consciente de que estaba agrediendo gravemente a su mujer con un cuchillo: «Lo único que recuerdo es cuando su cuerpo dejó de hacer presión. No recuerdo cuando le clavé el cuchillo». «Yo quería a mi mujer y la sigo queriendo. Daría mi vida por ella», continuó el acusado.

El testimonio de Jorge Antonio reveló que fueron los celos y el consumo de drogas los dos ingredientes decisivos del suceso. Él sospechaba desde hacía tiempo que su mujer le era infiel y quería que ella le aclarase la situación. Después de la cena se había fumado unos porros mientras veía la televisión, y a mediodía había esnifado una raya de cocaína. También su mujer era consumidora de drogas.

Además de negar que tuviera intención de matarla, Jorge Antonio también rechazó la imputación de que le hubiese pedido a sus hijas (que entonces tenían 13 y 7 años), que le ayudasen a esconder el cuerpo de su esposa. De manera atropellada, Jorge Antonio fue relatando su actuación después de la muerte de su esposa. Reconoció que le pidió ayuda a su hija mayor, que entonces tenía 13 años, para limpiar la sangre que había en la casa. Pero no aclaró por qué tardó dos horas en pedirle que avisara a los vecinos de que su madre estaba muerta. «Mi cabeza estaba rota, estaba destrozado. No sé si lo hice o no», repetía Jorge Antonio. La confusión de esos momentos dramáticos fue el escudo que utilizó el acusado para explicar las contradicciones entre su testimonio de ayer ante el tribunal y sus declaraciones anteriores ante la Guardia Civil y el juez. El juicio contra Jorge Antonio D.C. continuará hoy con la declaración de los testigos y de los peritos.

Entre doce y 25 años

En la sesión de ayer el fiscal ya anunció que las tres acusaciones habían llegado al acuerdo de calificar los hechos como asesinato, y no como homicidio, que era la imputación inicial del fiscal. También han coincidido en que se aprecie la atenuante de drogadicción, lo que supondrá una rebaja de la pena que se le imponga finalmente.

En principio, el fiscal solicitaba una condena de doce años y medio de prisión.

La abogada de la familia pedía 25 años de prisión por asesinato y la letrada del Instituto de la Mujer, que actúa como acusación popular, veinte años de cárcel por asesinato alevoso. La defensa ha pedido la libre absolución de Jorge Antonio o bien la condena a cinco años de prisión.