Algunas medidas para atajar el problema

P. A. G.PLASENCIA

Acabar con estos insectívoros es difícil pero no imposible. El mercado ofrece una disponibilidad de métodos que combinados de manera conveniente podrían ofrecer resultados satisfactorios, según indican los especialistas en esta cuestión.

El más efectivo, pero también menos popular, sería introducir gas en las toperas, o acabar con los animales a través de la emisión de ultrasonidos. Más viable sería colocar cebos venenosos para los topos (frutas o tubérculos es lo que suele utilizarse) que acabasen con la devastadora población asentada desde hace años junto al río. También cabe la posibilidad de replantar la zona con un césped que exija menos riego y aguante más la sequía. Las fórmulas, por tanto, están ahí, lo mismo que el problema que representa la comunidad de topos para los que La Isla se ha convertido en un paraíso del que está claro que no quieren irse.

La situación pasa más inadvertida durante el otoño y el invierno, estaciones en las que se reducen las visitas. Pero como no se aproveche esta merma para aplicar un sistema efectivo, los que acudan en primavera y verano volverán a encontrarse con la triste estampa del césped literalmente invadido por los agresivos topos.