Historias de camellos

EVARISTO FERNÁNDEZ DE VEGA

Los niños sueñan con camellos. En sus cabezas siempre han estado presentes enormes jamelgos con joroba que son capaces de recorrer miles de kilómetros cargando los pesados fardos de juguetes que luego reparten los Magos de Oriente.

En algunas casas incluso colocan la Noche de Reyes unos cuantos vasos de agua para que esos animales de hocico prolongado puedan saciar la sed acumulada mientras los Magos entregan los regalos. Quizás por eso, los camellos han terminado por convertirse en una de las especies animales más queridas entre las familias.

Aunque eso antes. De un tiempo a esta parte parece haberse desplomado la popularidad de estas enormes cantimploras andantes. A partir de hoy, más de 200 policías vigilarán los institutos extremeños para evitar que una peligrosa variedad de camélidos pueda entablar contacto directo con los estudiantes más ingenuos.

Como sucede con los Magos de Oriente entre los niños que descubren su falsedad, son ya muchos los adolescentes que se resisten a creer el discurso de los nuevos 'camellos' de la droga. Pero todavía quedan mozalbetes ilusos que buscan en el traficante de proximidad la dosis que se necesita para disfrutar del espejismo de felicidad que se dibuja en desierto de la adicción.

Asegura el ministro del Interior que es imprescindible poner en marcha campañas policiales para acabar con el menudeo en los colegios, y tiene razón, pero los niños tienen la costumbre de imitar lo que observan en su entorno, y no será fácil convencerlos de la que droga es letal mientras nos vean acelerar el coche cuando dejamos atrás un radar.

La droga, como la velocidad, pueden resultar mortales, por más que nos creamos eternos, y en cuestiones como ésta, el único radar que funciona es el que permanece activado en la cabeza de cada persona. Todo lo demás, sólo será una ayuda.