Gran ambiente en la décima edición del Concurso de Vino de Pitarra de la Vera

Los organizadores no cuentan con ningún tipo de apoyo institucional Se pretende crear una asociación cultural para que no se termine perdiendo

M. A. M.TALAVERUELA DE LA VERA

Algún extraño misterio debe rodear al Concurso de Vino de Pitarra de la Vera, que se celebra desde hace diez años en el bar Varela de Talaveruela, para no encontrar apoyo en ninguna institución, cuando de lo que se trata es de recuperar y fomentar una actividad que décadas atrás estaba muy arraigada en la zona, además de proporcionar una jornada de encuentro y convivencia.

Sin embargo año tras año se repite la indiferencia hacia el certamen, a pesar de las cartas que se escriben a la Diputación Provincial de Cáceres, a la Mancomunidad intermunicipal de la Vera o a los ayuntamientos de la comarca sin encontrar respuesta. De ahí que empiece a cundir un cierto desánimo entre los organizadores, un grupo de personas amantes de las tradiciones, dado que cada año resulta «más costoso mantenerlo», como el actual, que ha resultado deficitario, si bien aseguran que intentarán seguir haciéndolo. Quizá la solución pase por la idea que manejan, la creación de una asociación cultural para ver si a través de la misma encuentran la colaboración que ahora les falta.

Mucha expectación

De cualquier forma esas dificultades no ensombrecieron para nada la décima edición, que además ha sido una de las más concurridas en cuanto al número de visitantes. A ello contribuyó también el concierto que ofreció Pepe Extremadura, a quien pudieron tener gracias a la colaboración de Caja de Extremadura, que además les entregó 200 euros.

Al margen de la presencia de público, los organizadores también se muestran muy satisfechos por el número de vinos presentados a esta edición, 32 en el apartado de joven tinto y 12 en el de joven blanco, en ambos casos de la cosecha de 2005 y procedentes de una docena de pueblos. Un tercio eran de la propia Talaveruela, pero también había de Madrigal, Jaraíz, Villanueva, Losar, Aldeanueva, Guijo, Arroyomolinos, Viandar, Torremenga e incluso de la vecina Candeleda, ya en la provincia de Ávila.

Todos los caldos fueron catados por los dos jurados que habitualmente se constituyen, y que debían valorar la presencia, el olor, el gusto y la armonía de los vinos. De una parte el jurado popular, compuesto por vecinos que se inscriben y que en buen número repiten cada año, y de otra el profesional. Éste estuvo formado por Juan Miguel Jiménez, director de la Escuela de Administración Regional de Castilla-La Mancha; José Antonio Paz, de Unexca; José Cruz, de UPA-UCE; Higinio Burcio, un conocido cultivador de la zona por haber sido portavoz de la Mesa del Tabaco, y Urbano Barquero, aficionado al vino que vive en Navalmoral de la Mata.

Ellos fueron los encargados de adjudicar los premios a los mejores vinos -jamones, paletillas y cestas de quesos- que se entregaron por la tarde, tras la habitual comida de convivencia.