El jersey de la suerte

El ministro de Exteriores en funciones, Josep Borrell./EFE
El ministro de Exteriores en funciones, Josep Borrell. / EFE
Rosa Palo
ROSA PALO

Hoy es 10 del 10. Si tuviera que examinarme, pensaría que esta coincidencia numérica es señal de que voy a aprobar. Porque una, que siempre ha sido de natural descreída, se volvía supersticiosa y hasta practicante devota cuando se enfrentaba a un examen: le rezaba a Santo Tomás, tocaba madera o se ponía el jersey de la suerte, agarrándose a cualquier cosa menos a estudiar. Porque había exámenes a los que me presentaba desarmada, tan sólo pertrechada con el boli azul con el que había aprobado una asignatura poco antes. Pero confiaba en el azar como confía el tipo que entra en el casino a jugar al blackjack.

Hace ya tiempo de mi último examen, pero veo a Borrell ante la Eurocámara y me vuelve el nudo al estómago, que una es muy de empatizar. Y que mucha dignidad, mucho pelo blanco y mucho currículum de morirte, pero se le sale la angustia por las gafas: ponernos nerviosos ante un examen es lo único que nos iguala. O eso creíamos hasta que llegó el 'caso máster'. Vale: sólo los que no tenemos enchufe nos ponemos atacados. Tanto que sigo soñando que me tengo que examinar de Selectividad por sorpresa y no he estudiado nada. «Compara la concepción kantiana de la ciencia con la cartesiana», llego a leer. Y en ese momento me despierto sudorosa y palpitante, abandonada por la razón pura y por la práctica.

Pero los exámenes no acaban cuando dejas la facultad. Ahora es mucho peor; ahora son diarios. Cada uno en nuestro curro, con el jefe, el cliente o el lector como examinador implacable y cotidiano, vamos sorteando asignaturas como podemos, enfrentándonos a mañanas en las que te levantas con tanto miedo a suspender que el nudo en el estómago no te deja ni tomarte el café. Son esas mañanas en las que abres el armario y buscas el jersey de la suerte. Y, en ese momento, recuerdas que hiciste trapos con él.