Conflictos olvidados
Candelaria Carrera Asturiano
Miércoles, 12 de noviembre 2025, 01:00
El mundo está repleto de conflictos olvidados. La falta de influencia política y poder económico suponen la condena de muchas reivindicaciones que acaban muriendo de ... irrelevancia mediática y, por supuesto, diplomática. Nadie habla de Sudán, los rohinyás de Myanmar, el Kurdistán iraquí o la situación de muchos pueblos indígenas desplazados. Reclamaron derechos reconocidos sobre el papel, que todo lo aguanta, alimentándose de ilusiones y de esperanza en una comunidad internacional que, llegado el momento, miró hacia otro lado. Las soluciones se congelaron e ignoraron en la misma medida. Las excusas, pura palabrería. Y después, muerte y destrucción.
Ahora le toca el turno al Sahara Occidental. Con descaro y en mi opinión, sin una pizca de decencia, el Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado una resolución que por primera vez coloca la autonomía como piedra angular de las negociaciones sobre la consideración final de este territorio. Ni referéndum, ni votación, ni nada que se le parezca. Después de 50 años, le dan una patada al derecho internacional, y a otra cosa, mariposa. De esta forma, una institución que debe velar por las libertades fundamentales, por promover la cooperación mundial y un ordenamiento jurídico global, muestra su incapacidad para imponerse a los intereses de las grandes potencias, y da la espalda de forma flagrante a un pueblo que le confió la mediación y la solución de su problema. Han hecho creer a los saharauis, durante décadas, que iban a pasar por las urnas y podrían alcanzar su independencia. Muchas personas han muerto, han sido represaliadas, encarceladas y torturadas desde entonces. Ninguna marroquí, por si alguien aún necesita aclaración. Pensaban que su soberanía merecía tales sacrificios y que, finalmente, podrían vivir libres y en paz.
En Marruecos están de fiesta. Celebran que hace medio siglo bombardearon a la población civil saharaui con napalm, que se quedaron con la riqueza natural de una parte de África que no les correspondía, repleta de recursos naturales valiosos, disfrutando de su posición estratégica, tensionando y presionando a Europa y burlándose de la ONU. El tiempo ha jugado a su favor. Y la burocracia.
Han interpuesto recursos y paralizado el procedimiento de todas las formas posibles. Lo paradójico es que un estado que no se anda con escrúpulos, en el que un monarca ejerce todo el poder y apenas existen garantías reales, se haya aprovechado de mecanismos y salvaguardas que en su gobernanza interna no están contempladas y son vetadas a su propia ciudadanía.
La astucia y la situación preponderante de Rabat han vencido, de la mano de Estados Unidos, que sigue tratando de marcar, a golpe de ocurrencia de su presidente, los designios del planeta. Pero no han llegado solos hasta aquí, han contado con la colaboración inestimable de cómplices necesarios. El primero, España, que ha sucumbido a los dictados del reino alauita, sacudiéndose la responsabilidad histórica y jurídica que le pertenece. Los perdedores, la población saharaui, a la que solo le queda aferrarse a la dignidad que otorga la razón.
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