El relato y 'la pareja'
Agapito Gómez Villa
Domingo, 16 de noviembre 2025, 01:00
Ay, Isabelita: a quién se le ocurre echarse un novio sin preguntarle antes si tenía algún problema con Hacienda. Eso es lo primero que se ... pregunta, mujer. Ya has visto las consecuencias: sin comerlo ni beberlo, te han caído encima todos los cascotes fiscales de tu Alberto. A mí, mi novia, fue lo primero que me preguntó cuando la pretendí. «Pues como no me queden embarazado!», le contesté.
Y me lo preguntó sabiendo que yo era un simple estudiante del frío salmantino, ¡que frío hacía por entonces!, sustentado por una bendita beca-salario.
Tú, como jefa de la comunidad autónoma más importante de España, tendrías que haber sospechado que tus adversarios –¿enemigos?– te están buscando las cosquillas a todas horas. ¿O no? Al grano.
He escuchado esta mañana en la radio a uno de esos contertulios que saben tanto («Qué miedo saber tanto», decía Hilario López Millán, aquel colaborador del gran Luis del Olmo), que por culpa del lío de tu novio, lo del Fiscal General del Estado y todo eso (al final se va a ir de rositas), los socialistas os han ganado el relato. Que qué es eso del relato. Y yo qué sé. El caso es que lo dicen a todas horas. Relato va, relato viene. La cogen con una expresión y no la sueltan hasta que no la tienen manoseada hasta la náusea. ¿Te acuerdas del 'manejo de los tiempos', que tanto se decía en tiempos de Mariano? «Fulanito maneja muy bien los tiempos». ¡Tu tía la del pueblo! Total, que estoy de relatos hasta la coronilla. Y todo por culpa de tu novio. Y tuya, claro.
Pero no queda ahí la cosa. A causa de lo de tu chico, también se ha montado el pollo incluso en la cosa del lenguaje. En efecto. Los que se refieren a Alberto como el 'novio de Ayuso', lo tienen resuelto. Pero los que quieren hacerse los modernos, manada de majaderos inmaduros que son, a tu chico le llaman 'pareja', lo habrás podido escuchar. 'La pareja de Ayuso', dicen. Como si tú estuvieses casada con dos personas. ¿No está, acaso, integrada por dos 'números', la pareja por antonomasia, la de la Guardia Civil? Sí, ya sé que, en vuestro caso, con 'pareja' quieren referirse a una sola persona. Pero resulta que al poner delante el artículo 'la', la vuelven a liar. Cualquiera que no esté en el ajo pensará que tienes una novia en lugar de un novio. ¿O no?
Al final, va a tener razón el mozo que, hará sus buenos años, me llamó a la consulta: «Soy el pareja de Beltranita». Aquella expresión, al ser la primera vez que la escuchaba, se me quedó como esculpida, excepcional innovación que era. Tan es así, que lo he contado en innúmeras ocasiones. Pues bien, quién me iba a decir a mí, Isabelita, hija, que la solución al desaguisado lingüístico-mediático de tu novio estaría en aquel lejano anochecer: «¡Soy el pareja de etc.!».
¡Mira que no preguntarle lo de Hacienda!
La violencia de género es un constructo usado para fracturar la sociedad. La ley vulnera la presunción de inocencia. La policía detiene porque la ley les obliga. ¡Una noche en el calabozo porque cualquier loca mentirosa ponga una denuncia! Los jóvenes de hoy en día están vendidos: en cuanto una 'guarra' quiera decir que abusaron de ella, o la violaron, les han arruinado la vida. Te etiquetan de maltratador y te quitan a tus hijos, ¡ni que los fueses a matar! En casa, las que mandan son ellas. Los hombres no se atreven a nada, ni a piropear. En junio de 2025, dos jóvenes de 23 años fueron detenidos en La Rioja y Soria por grabar sin consentimiento y difundir, a través de chats, imágenes íntimas de al menos 50 mujeres que conocían: compañeras de piso, vecinas, parejas... El caso Pelicot no es tan ajeno. En 2024, en nuestro país, hubo 34.684 mujeres víctimas de violencia de género con órdenes de protección o medidas cautelares. Solo en Extremadura, VioGén registró en julio 2.914 casos de víctimas, 19 de 'alto riesgo'. El pasado 14 de octubre, una mujer era asesinada en La Codosera por su pareja; tenía 46 años. La víctima del día 20, solo 21. Van 1.327 desde que se contabilizan. Negar que se mata a las mujeres, que se las agrede, que se las viola, que se ejerce violencia sobre ellas en una búsqueda de control, de sometimiento o de anulación total o parcial, nos hace a las mujeres más vulnerables; a la sociedad, indecente. Cada cifra es una vida, cada número una alerta que debería sacudirnos. Y, sin embargo, la lucha por visibilizar y combatir esta violencia está en riesgo. La negación parece crecer, o al menos hace bastante ruido, al ritmo de una juventud que se educa en TikTok y emborrona memoria; una juventud que se debate entre seguir las pautas de falsa liberación de OnlyFans, del porno, etc., o la vuelta a feminidades y masculinidades con marcados roles que romantizan las diferencias como formas de vínculos perfectos –eso sí, centradas en la 'mujer cuidadora y perfecta', véase el 'tradwife'–, y hasta en la vuelta a la pureza femenina porque, al parecer, las relaciones sexuales hacen a las mujeres estercoleros de muestras genéticas, véase el 'bodycount'.
Pero mientras tanto, las redes también sorprenden con retos como «el aún así me quedé», que lleva a miles de mujeres a compartir cómo sufrieron violencia machista, traspasando, de manera consciente o inconsciente, las líneas rojas que marcan la entrada. Y sorprenden, o no tanto, los incontables testimonios en muros que garantizan el anonimato, sobre la violencia oculta, diaria, cotidiana, en mujeres y niñas que se sigue viviendo con apariencia de buena ciudadanía, disfrazando miedos, vergüenzas, culpa, dolor, infiernos. La ofensiva contra la 'violencia de género' no es ingenua. Su objetivo es desarmar la respuesta social, porque cuando se elimina la causa, se diluye la solución. No perdamos de vista que si no hay víctimas, no hay agresores. Todo se vuelve un accidente, una mala suerte. Negar la causa es abrir la puerta; profundizar en la mirada, rearmar la lucha. Por tantas vidas, ¡profundicemos!
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