Victoria socialista, recuperación popular

La concentración de voto en torno al PSOE y PP atenúa la fragmentación como expresión de una ciudadanía que demanda estabilidad

Las elecciones de ayer advirtieron que España no cambió tanto el 28-A. La victoria de Pedro Sánchez en las generales se proyectó sobre los comicios europeos, municipales y autonómicos mejorando las posiciones socialistas; pero a costa del resto de la izquierda, víctima de su propia división. De modo que el PP de Pablo Casado pudo recuperarse, mientras relegaba a Ciudadanos a un papel subalterno de cara a la gobernación de ayuntamientos y comunidades, para lo que deberá contar con el apoyo de un Vox a la baja. La pérdida de la alcaldía de Madrid por parte de la izquierda y el mantenimiento de la Comunidad en manos de la derecha fue el reflejo más notorio de lo que ocurrió ayer. El voto tendió a concentrarse entre el PSOE y el PP, en detrimento de las tres formaciones emergentes en los últimos años –las alternativas de Iglesias, Rivera y Abascal– señalando una apreciable corrección hacia el bipartidismo. La circunscripción única de los comicios europeos dio buena cuenta de que la pluralidad del país está obligada a pivotar en torno a la posición prevalente que ocupan PSOE y PP en sus respectivos espacios políticos. Mientras que los comicios de ayer volvieron a contener al independentismo catalán en los márgenes en los que se movía. Paradójicamente, la ventaja socialista revalidada ayer complica la gobernabilidad de la legislatura, puesto que el debilitamiento de Unidas Podemos y el retraimiento de Ciudadanos podrían, al mismo tiempo, ampliar su campo de maniobra a la hora de sumar mayorías parlamentarias y propiciar que esos dos grupos y otros se muestren renuentes a facilitar a Pedro Sánchez su acción de gobierno. Con el escrutinio de ayer da inicio una legislatura compleja de pilotar, dado que el doble éxito socialista no es suficiente para que la continuidad de Sánchez en la presidencia se asiente sobre bases que le aseguren cuatro años de mandato sin sobresaltos. Meta que obligará al ya virtual presidente a gobernar desde el reconocimiento de sus propios límites electorales, si quiere que las demás formaciones y la sociedad en general respeten su liderazgo al frente del país. El cuadro institucional resultante demanda en cualquier caso que todos los partidos, sin excepciones, dejen atrás la exageración de sus diferencias mutuas y el enconamiento de posturas que se ha adueñado del ciclo político iniciado con las generales de 2015, para disponerse a realzar sus coincidencias. El legítimo pulso partidario no puede seguir trasladándose a las relaciones entre el Gobierno central y los Ejecutivos autonómicos, y entre estos y las entidades locales. Pero para eso es imprescindible que las opciones y los líderes que han salido peor parados respecto a sus propias expectativas afronten la revisión de su papel político eludiendo la radicalización como huida.

MODERACIÓN Y SENSATEZ. Las elecciones al Parlamento Europeo pusieron ayer a prueba la estabilidad de la Unión Europea, sin que el auge de las opciones más distantes con el proyecto de integración salieran en condiciones de hacerlo zozobrar. Pero lo ocurrido tanto en nuestro país como en los demás socios de la UE reclama que la política vuelva hacia el centro de las necesidades y las preocupaciones ciudadanas, rechazando las tentaciones a la polarización irracional de la acción pública, al recurso a la visceralidad identitaria y a la ideologización extrema. La llamada a la moderación y a la sensatez es el mensaje común que las urnas transmitieron en la jornada de ayer. Una advertencia que debe hacerse presente en las próximas semanas y meses, en los que España y Europa han de asegurarse la gobernabilidad para tiempo.