Torra retira los símbolos soberanistas pero no se libra de la querella de la Fiscalía

Torra cuelga otra pancarta en el Palau: «Libertad de opinión y expresión»/ Ep
Torra cuelga otra pancarta en el Palau: «Libertad de opinión y expresión» / Ep

El presidente catalán vuelve a retar a la Junta Electoral al colocar ahora una pancarta a favor de la libertad de expresión

CRISTIAN REINOBarcelona

Quim Torra tenía este viernes un dilema: tirar millas, asumir las consecuencias penales y dejar a los Mossos a los pies de los caballos o plegar velas y tragarse el sapo de la marcha atrás. Buscó una tercera vía. Porque optó por la cohesión interna del Govern y por retirar los lazos y las pancartas de la sede del Palau de la Generalitat, pero al mismo tiempo insistió en el desafío. Intentó burlar de nuevo a la Junta Electoral al desplegar un nuevo cartel a favor de la «libertad de expresión y de opinión», en esta ocasión sin lazos y sin referencias a los presos. Además, anunció una batalla legal contra la Junta Electoral.

Si no fuera por la gravedad de las consecuencias penales que pueden derivarse de los movimientos de Torra, que se expone a una inhabilitación por un delito de desobediencia, por momentos parecería que el presidente de la Generalitat esté jugando con la polémica de los lazos. Retórica republicana y política de gestos para esconder una realidad que algunos aún no aceptan: las instituciones de Cataluña no tienen plena soberanía. Por esta razón, el Síndic de Greuges (Defensor del Pueblo catalán) recomendó al dirigente nacionalista que retirara los lazos.

En un primer momento, no le hizo caso, aunque se había comprometido a ello, y se sacó un conejo de la chistera en forma de lazo blanco para tapar el amarillo que lucía en la fachada de la sede la Generalitat. La Junta Electoral no cayó en la trampa y el jueves, tras dos ultimátums previos, decidió ir con todo: expediente contra Torra que puede acabar en multa, decisión de llevar al president a la Fiscalía e instrucción a los Mossos para que ejecutaran la orden de descolgar las pancartas.

Fuentes del independentismo argumentaron que la protección de la imagen de los Mossos, para preservar al cuerpo de la pugna por los lazos, fue la razón principal por la que Torra dio marcha atrás. Por otro lado, adujeron motivos electorales. «Le estamos haciendo la campaña gratis a Ciudadanos», apuntó una consejera del Ejecutivo catalán, que se echaba las manos ante todo lo que está viendo de su jefe. Un dirigente de Esquerra valoraba, por su parte, una tercera explicación: si Torra no tomaba la decisión de retirar los lazos y obligaba a los Mossos a ejecutar la orden, estaba abriendo un nuevo frente en su gobierno, pues no podría frenar el cese del consejero del Interior, en la cuerda floja, por actuaciones de la Policía catalana muy contundentes contra manifestantes independentistas.

Al límite del plazo

Dos horas antes de que expirara el plazo, Torra retiró todas las pancartas que había en la sede del Govern. Primero la del lazo blanco con una franja roja, que colgó el jueves, más tarde la del lazo amarillo, que estaba tapada por la primera, y en último lugar la más pequeña, que estaba en una ventana, que reivindicaba la libertad de expresión.

El jefe del Gobierno catalán evitó de esta forma el impacto de la Policía catalana entrando en las dependencias gubernamentales para ejecutar una orden de la Junta Electoral. En el 1-O, la administración catalana ya se cuidó de que no se diera la imagen de los Mossos requisando urnas. El asunto volvía a estar sobre la mesa. Más aún después de la consternación que han causado las palabras del exmajor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, cuando confesó en el juicio del Supremo que tenía un plan para detener a Carles Puigdemont y a los miembros de su Gobierno.

Con la retirada, sobre las 12.30 horas, de las pancartas del Palau de la Generalitat, que fue seguida por las Consejerías, ya se daba por finalizada la polémica de los carteles. Pero tras descolgar los lazos, el presidente de la Generalitat tuvo que escuchar expresiones que no gustan a un independentista pata negra como él: «Torra ha obedecido», dijo la portavoz del Gobierno central, Isabel Celaá. «Torra se ha plegado», afirmó el PP. «Vuelve la normalidad», expresó Ciudadanos, que se colgaba la medalla. Poco después, llegó el anuncio de la Fiscalía y el jefe del Ejecutivo respondió de inmediato colgando una nueva pancarta.

El Ministerio Público, tras recibir el acuerdo de la Junta Electoral adoptado el jueves contra el president por desobedecer la retirada de símbolos independentistas, comunicó su decisión de remitir a la Fiscalía de Cataluña para que proceda a «ejercitar acciones penales, interponiendo la correspondiente querella», aunque no se concretó el delito. Torra mantuvo el martes el lazo amarillo en el Palau a pesar de que la Junta Electoral le había dado 24 horas para retirarlo. Al día siguiente, el Síndic le recomendó que lo descolgara. No lo hizo, sino que el jueves lo tapó por otro de color blanco.

Réplica de la Fiscalía

La respuesta de Torra a la Fiscalía fue colocar una pancarta que, en principio, es neutra, con la que todo el mundo está de acuerdo: «Libertad de expresión y opinión. Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos». Pero sonaba a una nueva argucia del secesionismo. Mensaje velado de Torra hacia la Junta Electoral. Porque, como decía el informe del Síndic de Greuges, nada de lo que pasa en la polémica de los lazos tiene que ver con la libertad de expresión. Se trata de cumplir o no una orden de la Junta Electoral y de entender que en periodo electoral los poderes públicos tienen que garantizar la neutralidad. Y los lazos son un símbolo de parte: eso es lo que no acepta el independentismo. Tras el último quiebro del Palau de la Generalitat, voces del independentismo reconocieron estar sintiendo «vergüenza».

Un vodevil, que se resolverá en los tribunales. Primero por la querella de la Fiscalía y porque Torra presentará un recurso contencioso administrativo contra la decisión de la Junta Electoral pidiendo la suspensión inmediata de sus acuerdos. La próxima semana, además, presentará una querella por un presunto delito de prevaricación contra este organismo. Según el president, sus resoluciones son «manifiestamente injustas porque son arbitrarias». El president, como ya hizo la ANC, animó a los ciudadanos a «llenar los balcones» de sus casas con banderas y lazos amarillos.

Puigdemont apoya a Torra

El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont ha defendido que el presidente Quim Torra ha actuado con «firmeza» en la polémica por la presencia de lazos amarillos en los edificios del Govern.

Lo ha dicho en declaraciones a TV3 desde el Parlament Europeo, donde ha acudido invitado por la eurodiputada Helga Stevens para inaugurar la jornada 'Flandes y Cataluña: comparativas y diferencias del estatus de la Lengua de Signos'.

Puigdemont ha explicado que la controversia sobre los lazos ha demostrado cual es la actitud del Estado ante los derechos fundamentales: «Se ponen nerviosos con los lazos cuando son amarillos, cuando son blancos y con pancartas que piden libertad de expresión y democracia».

Es la segunda vez que el expresidente de la Generalitat acude a la Eurocámara desde que reside en Bélgica: la primera fue a principios de mes cuando participó en la inauguración de una exposición sobre la lengua catalana.

En apunte en Twitter, Puigdemont ha colgado una foto junto a la eurodiputada con él haciendo el signo con la mano que significa 'Flandes' y ella el signo que significa 'Cataluña'.

Más información