Los «tiempos recios» han vuelto

Volvamos a los iniciales «tiempos recios» de la Santa Teresa del siglo XVI para terminar en los «tiempos disparatados» del independentismo catalán. Creo que el resto de los españoles acertaríamos si, comenzando por Sánchez, les bailáramos menos el agua y se le aplicaran las leyes sin tantas contemplaciones

TERESIANO RODRÍGUEZ NÚÑEZPeriodista

Era aquel siglo XVI revuelto y convulso en una Europa de doctrinas, nuevas ideas, descubrimientos, conquistas, guerras de religión... Hasta una monja, Teresa de Jesús, se metió a fundar conventos con espíritu innovador, sin que faltara alguien que la avisó de los riesgos que corría, siendo como eran aquellos «tiempos recios». Y no se le olvidaron a la monja fundadora y reformadora, quien más de una vez hubo de recordarlos a lo largo de su ajetreada vida. Una extraña asociación de ideas de lo que estamos viviendo en España me ha recordado aquellos «tiempos recios» de tan singular monja de hace cinco siglos. Sin duda, porque también ahora nos está tocando vivir «tiempos recios», aunque de distinto signo, en esta actual España nuestra.

Cuando Pedro Sánchez, me da igual si 'motu proprio' o convenientemente asesorado por quien a lo que parece sigue siendo su asesor áulico, presentó la moción de censura a Mariano Rajoy, que resultó aprobada por aplastante mayoría, no creo que aquel resultado significara tanto un apoyo incondicional a Pedro Sánchez cuanto una dura y masiva crítica al tancredismo inmóvil del hasta entonces presidente M. Rajoy, que se venía comportando como si con él no fuera la cosa. Por eso, en aquellos momentos dejé escrito en estas mismas páginas que lo procedente por parte de Pedro Sánchez sería convocar elecciones generales lo antes posible; tanto más cuanto que Pedro Sánchez nunca se había acercado ni de lejos a la presidencia en unas elecciones generales, lo que daba a su victoria un tinte de oportunismo o a entrar en la presidencia como de rondón y por la puerta trasera. Y ya puesto, no sólo ha sido eso, sino que ha dado la sensación de querer agotar la legislatura.

Pero a Pedro Sánchez no le han rodado las cosas bien desde el principio. Apenas acababa de formar gobierno y bien pronto tres de sus ministros hubieron de ser sustituidos, en tanto alguno más sigue bajo sospecha. Y como si todo lo acaecido no fuera bastante, explota ahora el 'caso Borrell': al actual ministro de Asuntos Exteriores Josep Borrell, señero en este gobierno de Pedro Sánchez, le ha impuesto la Comisión Nacional del Mercado de Valores una sanción de 30.000 euros, acusándole de haber utilizado información privilegiada para vender 10.000 acciones de una empresa de la que era consejero la víspera de su hundimiento total en bolsa.

Los independentistas catalanes no dan tregua, por más que Pedro Sánchez haya buscado la aproximación, como si no supiera que los radicales independentistas, que son los que alzan la voz queriendo figurar como representantes únicos del catalanismo, no admiten otro discurso. Al menos no lo han admitido hasta ahora, como si en Cataluña no hubiera otro problema que conseguir la independencia a toda costa y a cualquier precio. Que se lo pregunten a los médicos de atención primaria, en huelga estos días por las condiciones precarias en que tienen que ejercer su trabajo. O a los bomberos, manifestándose también para hacer ver que con su número y condiciones de trabajo no pueden desempeñar bien su cometido. O a los profesores de Universidad, con plazas sin cubrir o mal pagadas, carencias que acaban afectando al alumnado, que también se queja de que las tasas universitarias son cada año más caras. Y todo ello se traduce en huelgas y manifestaciones... Parece, sin embargo, que estas cuestiones no le importan ni mucho ni poco a Quim Torra, cuando tiene no sé si la osadía o el cinismo de decir que del Gobierno de España sólo acepta un «referéndum pactado y acordado» sobre autodeterminación e independencia de Cataluña.

Ante este panorama, tal vez no haya que extrañarse demasiado de que Pedro Sánchez le haya cogido el gusto a los viajes y las relaciones exteriores: no se pueden comparar las atenciones y agasajos que como presidente de España recibe en cualquier país que visita con las matracas y exigencias de los independentistas catalanes a cuenta del «derecho a decidir», que nadie sabemos de donde lo han sacado. Y si encima ponen a su disposición un avión que conviene darle uso no sea cosa que se oxide... pues más a su favor. Habida cuenta de los viajes que Pedro Sánchez lleva realizados desde que accediera a la Presidencia del Gobierno tras su sorprendente y exitosa moción de censura a Mariano Rajoy, nadie le podrá acusar de inmovilismo. Nada que ver con Mariano Rajoy y sus caminatas mañaneras a grandes zancadas, aunque fuera cosa de ver.

Pero volvamos a los iniciales «tiempos recios» de la Santa Teresa del siglo XVI para terminar en los «tiempos disparatados» del independentismo catalán, algo que no tiene pies ni cabeza, por más que se empeñen Puigdemont, Torra y cuantos con ellos se han sacado de la manga semejante «derecho a decidir». Creo que el resto de los españoles acertaríamos si, comenzando por Pedro Sánchez, les bailáramos menos el agua y se le aplicaran las leyes sin tantas contemplaciones.

 

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