Tensiones al límite

Solo cabe esperar hasta el 28-A que no se recrudezca la confrontación partidaria y que la campaña, privada esta vez de un cara a cara, sirva para desdramatizar el pulso electoral

La campaña para las elecciones generales del 28 de abril que comienza hoy es el último tramo de un largo período de confrontación partidaria hacia las generales, que se prolongará otro mes hasta las europeas, autonómicas y locales del 26 de mayo. Ello dentro de un ciclo de fragmentación política e inestabilidad institucional sin precedentes en los cuarenta años de democracia, que podría extenderse a la próxima legislatura. Así lo indican los sondeos preelectorales, pero también las expresiones de descalificación e incompatibilidad mutua. La división en bloques del panorama político con emplazamientos a los electores a que se decanten no entre programas, sino entre valores morales, y el afán con que cada formación trata de dar vida a su propio electorado generan una atmósfera pesada, irrespirable por momentos. Sobran por su abundancia las medias verdades, los juicios de intenciones, la utilización a bulto de datos que pierden su rigor, el trazado permanente de líneas de separación. Se echan en falta compromisos de acción, el anuncio de iniciativas económicamente solventes y gestos proclives a sacar al país del atolladero que suponen la volatilidad y la incertidumbre política cuando se perpetúan. Y se echa en falta también un debate entre el presidente del Gobierno y el líder del principal partido de la oposición en el que puedan contraponer sus programas; un cara a cara en el que Pedro Sánchez y Pablo Casado, como en anteriores comicios hicieran sus predecesores, defendieran frente a frente sus respectivos programas. Sánchez, que reclamaba estos debates durante su etapa en la oposición, solo ha aceptado uno a cinco, con Vox incluido, con el claro propósito de no reconocer a Casado como líder de la oposición. La campaña está para lanzar mensajes, para confrontarlos. Por eso no basta con que los candidatos y las organizaciones que concurren a los comicios del 28-A se remitan al escrutinio de esa noche para decidirse sobre las alianzas de gobierno resultantes. Es imprescindible que el enconamiento de campaña deje resquicios para el entendimiento posterior. No solo porque el país necesitará una mayoría estable para la gestión gubernamental; también porque precisará afrontar los retos más importantes mediante acuerdos amplios –políticas de Estado– que hoy por hoy parecen inalcanzables. Solo cabe esperar que la campaña no recrudezca la confrontación, y conceda oportunidades a la comunicación abierta con los ciudadanos mediante más de un debate público, a la desdramatización de la liza electoral y al diálogo franco entre los contendientes.