Semana decisiva

En caso de una nueva prórroga, Bruselas ha de impedir que la presencia británica en las instituciones de la UE afecte aun más negativamente a su solidez y cohesión

El próximo viernes 12 de abril expira la prórroga obtenida por el Gobierno de Theresa May ante Bruselas para hacer efectivo el 'brexit'. Mañana se reunirá el Consejo Europeo para evaluar la situación, y adoptar una postura común ante la eventualidad –avanzada por el titular de Exteriores británico, Jeremy Hunt– de que Londres solicite extender la prórroga hasta el 30 de junio, mientras la primera ministra continúa negociando con el líder laborista Jeremy Corbyn la aceptación compartida del acuerdo alcanzado para la salida de la Unión. La Cumbre europea de mañana deberá anticiparse a los acontecimientos, manteniendo una puerta abierta a que May y Corbyn formalicen en horas un pacto que cuente con el respaldo del Parlamento de Westminster. Aunque contemplando la hipótesis de que el Reino Unido no se ponga de acuerdo en tan breve plazo. Con lo que Londres volvería a situar a la UE ante la posibilidad de conceder una tercera prórroga más dilatada, o asumir las consecuencias de una ruptura sin previa concertación. Las indecisiones británicas y las divisiones que atenazan a conservadores y laboristas responden a una única certeza: al convencimiento de que los demás europeos no quieren el 'brexit'; y que mientras éste resulte inexorable, no quieren que la salida se produzca de manera abrupta. De manera que tanto May como Corbyn y las distintas corrientes que forman parte de sus respectivos partidos tratan de apurar las oportunidades que les brinda el deseo de fondo de los 27. Hoy Theresa May viajará a Berlín y a París para entrevistarse con Angela Merkel y Emmanuel Macron, con el propósito de contar con su comprensión y su paciencia de cara a las decisivas jornadas que se sucederán hasta el viernes. Pero el problema está en el 'brexit', en un escrutinio ajustado a favor de la salida de la UE en 2016, cuya inconsistencia ha sido a la vez causa y efecto del desbarajuste político en el Reino Unido. Las coincidencias que May sea capaz de establecer con Corbyn desencadenarán nuevas tensiones entre los conservadores, y también entre los laboristas. De ahí las dificultades que entraña este último empeño, dada la concurrencia en un mismo partido de posiciones que persiguen una ruptura drástica y la de quienes pretenden un vínculo de proximidad con la UE. El problema añadido es que mientras el Reino Unido siga formando parte de la Unión, sus ciudadanos tienen pleno derecho a verse representados en el Parlamento Europeo. Solo que, en caso de una nueva prórroga, Bruselas ha de impedir que la presencia británica en las instituciones de la UE afecte aun más negativamente a su solidez y cohesión.