Sánchez apela al voto moderado el 28-A para no «depender de nadie»

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (c) durante un acto político de su formación en la Universidad de Alicante. / Efe

El presidente del Gobierno acusa a PP, Cs y Vox de tener «más testosterona que neuronas» y agitar la confrontación

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

El PSOE no tiene ninguna duda de que será el ganador de las próximas elecciones generales. Las encuestas le sonríen y ya nadie contempla que de las urnas salga el próximo 28 de abril un resultado que le sitúe por debajo del 30% del voto. Pero Pedro Sánchez se esmeró en machacar hoy, en un mitin en Alincante, una idea obvia: en el actual escenario político, ganar no basta. Ahí está Susana Díaz como recordatorio. Esa es la razón por la que el jefe del Ejecutivo ha decidido avanzar una pantalla y, ahora, reclama una mayoría lo suficientemente holgada como para poder gobernar en solitario.

Las cosas han cambiado mucho en apenas año y medio. No hace tanto que Pablo Iglesias daba por hecho en sus entrevistas que el próximo Gobierno sería de coalición o no sería y muchos socialistas habían empezado a asumirlo. Ahora, en cambio, en la dirección del partido acarician la idea de emular a José Luis Rodríguez Zapatero en sus dos legislaturas (de 2000 a 2008 y de 2008 a 2011) y mantenerse en la Moncloa gracias a lo que entonces se bautizó como una «geometría variable». Pero para lograrlo Sánchez necesita más.

El presidente del Gobierno -rodeado del presidente valenciano, Ximo Puig, que también se someterá al veredicto de los ciudadanos el 28 del mes próximo; del ministro de Ciencia y cabeza de lista por Alicante, el astronauta Pedro Duque, y del líder candidato socialdemócrata a la Comisión Europea en las elecciones del 26 de mayo, el holandés Frans Timmermas- apeló a lo ocurrido en las andaluzas del 22 de diciembre para pedir una movilización masiva.

Hablar con todos

Entonces, según Sánchez, fue el exceso de confianza en una victoria del PSOE lo que impidió que Díaz siguiera al frente de la Junta de Andalucía y que PP, Ciudadanos y Vox, a los que acusó de tener «más testosterona que neuronas», se unieran para producir la primera alternancia política en la comunidad en 37 años.

Para los socialistas, sin embargo, no se trata ya sólo de que ningún votante progresista se pueda dormir en los laureles. Sánchez aspira también a conquistar a los votantes del centro y, desde ese planteamiento, pidió respaldo para formar «un Gobierno que hable con todos, pero que dependa única y exclusivamente de sus fuerzas». Es decir, que no esté al albur de los independentistas.

A la luz de los sondeos, no será fácil. Menos aún si se toma al pie de la letra el compromiso de Ciudadanos de no pactar con los socialistas tras las generales. En esa tesitura, los únicos apoyos de Sánchez volverán a ser los que le permitieron derribar a Mariano Rajoy con la primera moción de censura triunfadora de la democracia, Podemos, ERC, PDeCAT, PNV, Comprimís, Coalición Canaria y Bildu. Sólo que el PSOE no tendrá ya solo 84 diputados. Las encuestas indican que puede superarar los 130 a mucha distancia del siguiente partido, el PP, que no llegaría a los 100.

«Cada voto que vaya al PSOE será un voto a favor de la estabilidad y el futuro y cada voto que se quede en casa, que es lo que quiere la derecha, la abstención, será un voto por la involución y el retroceso»

«Cada voto que vaya al PSOE será un voto a favor de la estabilidad y el futuro y cada voto que se quede en casa, que es lo que quiere la derecha, la abstención -insistió el presidente del Gobierno-, será un voto por la involución y el retroceso». Al contrario que Pablo Casado y Albert Rivera, Sánchez no habla en sus mítines de la situación de Cataluña. Él quiere que la campaña se mueva en otro eje y, de momento, en su equipo se vanaglorian de estar consiguiéndolo. «Nosotros -dijo ayer- defendemos una España bien distinta, con muchas más plazas que la de Colón».