Salida de emergencia

La propuesta de seis países para acoger a los migrantes del Open Arms no cubre la carencia de un mecanismo de respuesta en la UE

La disposición de seis países europeos –España entre ellos– a acoger a una parte de los 147 migrantes a bordo del Open Arms acerca una solución a una emergencia humanitaria que ha vuelto a poner de manifiesto la lacerante insolidaridad arraigada en la UE y su resistencia a asumir como propio un problema de primera magnitud ante el que no cabe mirar hacia otro lado. El barco entró ayer en aguas italianas y permanecía anoche a la espera del permiso para atracar en el puerto de Lampedusa ante la tozuda resistencia del ministro del Interior, el ultra Matteo Salvini, a aplicar una decisión judicial en ese sentido amparada en el obligado cumplimiento del derecho internacional. Su descarnada xenofobia le ha enfrentado incluso a un sector de su propio Gobierno. A falta de que se concreten los detalles, la salida de compromiso auspiciada por Alemania y Francia encarrila la crisis del Open Arms, que ha completado dos semanas en alta mar con los náufragos hacinados y en precarias condiciones higiénicas y de salud sin que la comunidad internacional se inmutara apenas. La implicación de España en un sistema de reparto «equilibrado» era obligada, aunque supone un nuevo viraje en la política del Gobierno que, tras el golpe de efecto del Aquarius, se había negado a participar en procesos conjuntos de acogida con el argumento de que ya asume en solitario las llegadas de migrantes a sus costas por el flanco occidental. Pedro Sánchez, preso de sus contradicciones en esta materia, se ha visto forzado a rectificar por la presión de diversos sectores sociales tras haber permanecido durante demasiado tiempo tan impasible como el resto de la UE ante un drama humano sobrecogedor. La fórmula habilitada para el 'Open Arms' no deja de ser un parche provisional. Un apaño que ni resuelve ni permite ocultar un problema de profundo calado el incesante flujo de migrantes que ponen en riesgo sus vidas para huir de la miseria más atroz y de la guerra. Un desafío que interpela al conjunto de la UE y que exige la articulación de un inaplazable mecanismo de respuesta inmediata. Es decir, soluciones integrales y consensuadas entre sus socios en vez de improvisaciones más o menos apresuradas cada vez que suena la alarma. Actuaciones que habrán de ser respetuosas con los principios fundacionales de la Unión y, por lo tanto, capaces de alumbrar un discurso basado en los derechos humanos y la dignidad de las personas frente a la ola de zafio populismo que recorre Europa.