Responsabilidad compartida

La democracia requiere alternativas, no basta con que Casado y Rivera digan estar preparados por si hay que volver a las urnas

El primer encuentro negociador entre la delegación del PSOE y la de Unidas Podemos resultó tan infructuoso anteayer que ni siquiera fueron capaces de fijar una segunda cita tras casi cinco horas de reunión. Las parcas valoraciones que ayer ofrecieron los respectivos portavoces abundaron en los recelos mutuos y en la atonía que muestran los supuestos protagonistas de una hipotética 'alianza de progreso'. Ambas partes reflejan tal desmotivación respecto al objetivo al que dicen aspirar –un acuerdo de izquierdas para la gobernación de España– que están consiguiendo devaluar día a día la trascendencia con la que apelaron a su unidad ante las elecciones generales del 28-A y las locales y autonómicas del 26-M. La vindicación socialista del acuerdo presupuestario para 2019 suscrito entre Sánchez e Iglesias suena a mensaje de circunstancias cuando Unidas Podemos deploró ya la renuencia del gobierno hoy en funciones para llevar adelante los cambios pactados. La expectativa de que apurando los plazos, y al borde del 23 de septiembre, socialistas y morados acabarán poniéndose de acuerdo carece de fundamento cuando ni las distancias se acortan, ni se atisba ánimo alguno de intentarlo. Pero la supeditación del futuro político del país a una incierta suerte de prestidigitación de última hora entre Sánchez e Iglesias no solo interpela a la responsabilidad de estos; también obliga a las otras formaciones con mayor presencia parlamentaria a ofrecer una alternativa solvente en estos momentos de impasse. No basta con que los dirigentes del PP y de Ciudadanos declaren encontrarse prestos a afrontar una eventual convocatoria de elecciones para el 10 de noviembre, mientras tratan de solventar los desencuentros entre ambas formaciones en el gobierno de autonomías y ayuntamientos. Ni siquiera es suficiente con que Casado y Rivera coincidan en trazar una divisoria fiscal en el territorio español, con rebajas tributarias en su ámbito de actuación respecto al resto del país. A no ser que las cuatro principales fuerzas parlamentarias –PSOE, PP, Ciudadanos y Unidas Podemos– estén asumiendo que su papel es residual respecto a una sociedad dispuesta a prescindir de los avatares de las políticas públicas, amoldándose a ellas. Izquierdas y derechas están fomentando la indiferencia ciudadana respecto a la política. Unas nuevas elecciones lo corroborarían.