Pulsión centralista

El mismo respeto a la ley exigido al nacionalismo es requerible a los partidos que se envuelven en el populismo para plantear recortes autonómicos

El riesgo de que la sorprendente irrupción de Vox en Andalucía se extienda al resto del país condicionará el debate político en los próximos meses y la fecha de las elecciones generales. La eclosión de la extrema derecha amenaza con distorsionar sustancialmente el actual equilibrio de fuerzas local, autonómico y nacional; y con alterar tanto la estrategia como el discurso de los grandes partidos, ya sea para protegerse de su avance o para hacerle frente. Sin despreciar la inmigración ni el profundo desgaste de las siglas tradicionales por el hartazgo social causado por la crisis y la corrupción, la gran palanca de crecimiento de Vox ha sido la alarma que el desafío independentista catalán ha disparado en la España profunda. El auge del populismo de extrema derecha que aboga sin tapujos por eliminar el Estado de las Autonomías es una respuesta al peligro de ruptura causado por el órdago del secesionismo. Una nueva vuelta de tuerca a la pulsión recentralizadora que ha cobrado cuerpo en los últimos años y que explica en parte el reciente ascenso de Ciudadanos. No solo resulta inquietante que Vox haya visto recompensado en las urnas un mensaje visceral de ese tipo, que contraviene de forma flagrante la Constitución. También la posibilidad cierta de que otras fuerzas se contagien de ese discurso e intenten aplicarlo desde el Gobierno. Resulta significativo que el presidente del PP, Pablo Casado, abogara en la campaña andaluza por que el poder central recuperara las competencias en educación con el delirante argumento de que así lo establece la Carta Magna, lo que ha rebelado con toda razón a algunos barones de su propio partido. Ciudadanos también aboga por una recentralización, una idea que gana terreno en un centro-derecha fortalecido por un anti-autonomismo que han alimentado los excesos del nacionalismo y los errores de Pedro Sánchez. No cabe obviar que el éxito de Vox es la otra cara de la moneda del varapalo sufrido en su fortín por un PSOE que ha tomado la Moncloa de la mano de los independentistas y aspira a convertirlos en aliados estables para resistir en el poder. El cuestionamiento de un modelo autonómico que, pese a sus defectos, es la historia de un éxito amenaza con abrir nuevos frentes de división en la convivencia democrática. Del mismo modo que es exigible a los nacionalistas el respeto al marco vigente lo es que los grandes partidos nacionales se atengan de forma escrupulosa a la ley respecto a los estatutos de las distintas comunidades, al margen de que los vientos del populismo soplen con mayor o menor fuerza.

 

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