El veto a Sánchez y el giro a la derecha fracturan la unidad de Ciudadanos

Toni Roldán, exportavoz económico de Cs. /Efe
Toni Roldán, exportavoz económico de Cs. / Efe

Toni Roldán abandona el partido y dos cargos más dimiten después de que la ejecutiva nacional apruebe por mayoría mantener el rumbo fijado

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

El debate de identidad, más que estratégico, que tensiona a Ciudadanos desde hace meses por el giro del partido a la derecha desembocó este lunes en dimisiones. Toni Roldán, hasta ahora secretario de Programas y portavoz económico en el Congreso, anunció su marcha de la organización, su renuncia al acta de diputado y se despidió de la política. Era una de las voces críticas con el nuevo rumbo que ha llevado a los liberales a vetar la investidura de Pedro Sánchez y a alcanzar alianzas con el PP que exigen, en algunos gobiernos autonómicos y municipales, el apoyo de Vox. «Los costes para España de la estrategia elegida por Ciudadanos -se desvinculó- son demasiado altos». La cúpula de Albert Rivera, sin embargo, se reafirmó en su planteamiento.

Poco después de que Roldán compareciera en la Cámara baja, la dirección de Ciudadanos se enfrascó en la discusión. A propuesta del responsable de Economía y cabeza de lista de los liberales en las pasadas elecciones europeas, Luis Garicano, y del eurodiputado Javier Nart, se sometió a votación la necesidad de revisar la estrategia y abrir una vía de negociación con Sánchez. Pero los críticos perdieron.

LAS DISCREPANCIAS

Toni Roldán - Exdirigente de Ciudadanos.
«Los costes para España de la estrategia elegida por Ciudadanos son demasiado altos»
Albert Rivera - Presidente de Ciudadanos.
«Seguimos trabajando para el país con un proyecto liberal y constitucionalista»

Sus cuatro votos -los de los promotores del debate, además de Francisco Igea y Fernando Maura- y las tres abstenciones registradas fueron insuficientes para hacer virar de nuevo a Ciudadanos. 24 integrantes de la dirección apostaron por mantener el rechazo al PSOE y Nart decidió dejar su cargo en la ejecutiva, aunque, de momento, mantiene su escaño.

La siguiente ficha en caer fue asturiana. El candidato del partido en la comunidad, Juan Vázquez, apenas había tomado posesión en el Parlamento autonómico cuando la ratificación de la política de pactos motivó este lunes su renuncia al acta. El exrector de la Universidad de Oviedo ya había defendido la conveniencia de llegar a acuerdos de estabilidad con el PSOE en este territorio y da ahora por hecho que Ciudadanos ha cambiado en el último año su orientación.

Rivera, que ya ha rehusado volver a reunirse en Moncloa con Sánchez, no tiene, en todo caso, ninguna intención de rectificar su no a los socialistas. Su propósito es ocupar el espacio del centro derecha y disputar, quizá con el tiempo, al PP su hegemonía. Por ahora no ha conseguido el ansiado 'sorpasso', pese a que los populares se hundieron en los 66 escaños en las elecciones generales. Pero en la dirección de Ciudadanos exhiben sus resultados del 28 de abril, cuando pasaron de 32 a 57 representantes en el Congreso, y su entrada en los gobiernos, aun sin presidir ningún territorio, como pruebas del éxito de su estrategia.

La factura, sin embargo, según el sector más centrista, es elevada. Roldán advirtió ayer de que los ejes fundacionales del partido liberal, lo que definía en origen a Ciudadanos, el «reformismo», la «regeneración» y la «batalla contra el nacionalismo», han quedado desvirtuados. También su ambición de superar la polarización de la vida política y hacer posible una «tercera España».

Son muchos los episodios que han abiertos grietas en la formación desde la foto de Colón en febrero junto a PP y Vox contra el Ejecutivo de Sánchez. Los pactos de gobierno con los populares como socios prioritarios, la dependencia de Vox para acceder al poder en algunas instituciones, la ruptura con Manuel Valls -que en Barcelona respaldó a Ada Colau para que el Ayuntamiento no quedara en manos de Esquerra- y el rechazo a la investidura de Sánchez son algunos de ellos. Y Roldán entiende que la credibilidad de Ciudadanos ha quedado comprometida al «convertirse en azul», apoyar ejecutivos que «llevan más de 20 años» gobernando, no poner todo de «su parte» para desalojar al nacionalismo y evitar el portazo a los de Santiago Abascal.

«¿Cómo vamos a construir un proyecto liberal en España -se preguntó en su despedida- si no somos capaces de confrontarnos a la extrema derecha?». La necesidad de los votos de Vox para gobernar se ha convertido en un elemento disgregador en Ciudadanos, que aunque asegura no negociar con este partido y deja en manos del PP las conversaciones, requiere de la complicidad de los de Abascal para poder formar gobiernos de coalición con los populares. Es el caso de Madrid.

Y la estrategia ha despertado incluso recelos en la organización política y en el entorno del presidente francés, Emmanuel Macron, con quien Ciudadanos comparte grupo en el Parlamento Europeo.

Otro «contrato»

El debate ya se plasmó en la ejecutiva nacional del pasado 3 de junio, convocada para fijar los criterios que guiarían a Ciudadanos en los pactos poselectorales. De ahí que algunos como Roldán, que dicen haber sido honestos «todos los lunes durante muchos meses», den por perdido el pulso. «No me voy porque yo haya cambiado -lamentó ayer-, sino porque Ciudadanos ha cambiado, este no es el contrato que yo firmé. (.)».

La salida deja aún más en minoría en la ejecutiva al sector partidario de pactos transversales. Algunos de los que coinciden con sus planteamientos dejaron este lunes señales de su sintonía. No sólo Garicano y Nart. En Twitter, Francisco Igea -que, finalmente, asumió pactar con el PP en Castilla y León- sustituyó su foto de perfil para subir una imagen junto a Roldán y expresarle su apoyo.

Rivera, mientras tanto, se limitó a agradecer en las redes sociales la tarea desempeñada por quien estaba en su núcleo duro. A partir de ahí, dio la bienvenida en la ejecutiva a Marcos de Quinto y saludó a Edmundo Bal como portavoz adjunto en el Congreso y a Carina Mejías como nueva diputada: «Seguimos trabajando para España con un proyecto liberal y constitucionalista». Y con la misma estrategia, deslizó Inés Arrimadas, que Toni Roldán «aprobó» en su día en los órganos de dirección.

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