Del pasado imperfecto al futuro incierto

Pedro Sánchez parece no tener dudas, como si vierael camino despejado: ya ha dejado claro que su intenciónes acabar la legislatura. Igual es que tiene ya perfiladoel calendario de los países que aún le quedan por visitar

TERESIANO RODRÍGUEZ NÚÑEZ Periodista

La última vez que me asomé a esta página, el año 2018 estaba dando las últimas boqueadas. Y fiel a aquel dicho definitorio que coronaba la caja de algunos antiguos relojes de pared, el 'Tempus fugit' de reminiscencias virgilianas, el año 2018 corresponde ya al pasado. Pero aunque el tiempo huya y se nos escape de las manos, no siempre se lleva con él los hechos y circunstancias vividos en lo que duró, muchos de los cuales tienen continuidad en el tiempo. No sería mala cosa que pudiéramos mantener lo bueno, lo que es útil y agradable, y aventar con el final de año cuanto nos molesta o desagrada.

Ha sido una triste gracia que el hecho más llamativo y que ha obligado a hablar de Extremadura en todos los medios de comunicación ha sido precisamente el desastre de las comunicaciones, especialmente cuanto se refiere a nuestros ferrocarriles, y justamente en fechas tan señaladas y tan movidas como las navideñas. El problema no es de ayer, es de hace años. Y en los últimos tiempos no es que se haya parcheado, es que se ha ido agravando de día en día y se viene hablando de él más que suficiente para que se les cayera la cara de vergüenza a quienes tienen responsabilidades directas o indirectas en semejantes hechos y situaciones. Podrían tolerarse ciertas deficiencias si hubieran estado generadas por obras necesarias para cambiar de una vez la situación y poner a Extremadura en los niveles de comunicación de los que ya disponen hace años buena parte de las regiones españolas. Pero no: es que, a lo que parece, en Extremadura se almacena toda la chatarra ferroviaria que se ha ido desechando en las zonas privilegiadas que hoy disfrutan de buenas comunicaciones. Y perdón si me he metido en semejante zarzal. Pero es que resulta indignante que, en vez de mejorar la situación de nuestras comunicaciones ferroviarias , no hagan sino empeorar, cuando los hechos vienen de lejos, son reiterativos y cuantos tienen o deberían tener algo o mucho que ver con la situación creada sólo traten de lavarse las manos.

El ministro de Fomento J.L. Ábalos prometía hace sólo dos días al presidente Fernández Vara que antes de junio se habrán licitado obras por valor de 375 millones de euros en el tren extremeño. Para dar al acto ¿solemnidad o credibilidad? estaban presentes los presidentes de Renfe y de Adif. ¿Y? Pues eso, que a seguir esperando y como decía el otro... «lo más seguro es que quién sabe».

Asunto relevante y de gran importancia, que sigue estando en la mesa de la actualidad, es la situación política. Ahí tienen un hecho capital a la hora de cerrar el año; y no un hecho que se llevara el viento al arrancar la última hoja de calendario de 2018, sino que ha llegado tal cual estaba, como pegado a la piel de este 2019 del que todavía nadie sabe cómo vamos a salir. Pedro Sánchez parece no tener dudas, como si viera el camino despejado: ya ha dejado claro que su intención es acabar la legislatura. Igual es que tiene ya perfilado el calendario de los países que aún le quedan por visitar y no le cabrían si, como algunos partidos políticos pretenden, se produjera un adelanto electoral y Pedro Sánchez no resultara elegido. Pero da la sensación de que ninguna de esas contingencias le pasa por la cabeza al actual líder del PSOE.

Sin embargo, cada día se escuchan más voces que son una invitación permanente a un adelanto electoral. Algunos incluso ya han apuntado a la primavera. Desde hace tiempo había muchos ojos puestos en las elecciones andaluzas, como si lo que saliera de ellas pudiera ser cuando menos un indicio de lo que pueda ocurrir en las generales, a pesar de las peculiaridades andaluzas.

Vox, ese grupo de extrema derecha emergente, que recuerda un pasado que creíamos superado y casi olvidado por quienes nos tocó vivirlo, ha rebrotado de las viejas raíces y, aunque su peso y fuerza no sean grandes, sí es suficiente en Andalucía para inclinar la balanza a uno u otro lado. Por el momento, parecen haberse avenido a sumar sin pretensiones de convertirse en árbitros. Lo que sea sonará. Y esperemos que esa añoranza de algunos no sea contagiosa.

Decidan lo que decidan los partidos políticos y sus líderes, a este escribidor no le importa confesar que ve el futuro político con no poca preocupación. Tal vez porque nos encaramos con un futuro poco claro. Pedro Sánchez parece decidido a completar la legislatura... y no es extraño después de lo que le ha costado llegar a la Presidencia del Gobierno, aunque haya sido tomando el atajo de la moción de censura... o precisamente por eso. Por otra parte, se las está teniendo que ver con el nada fácil problema del secesionismo catalán, frente al que no sé que es más comprometido para él, si hacer algo o no hacer nada. Uno se sigue preguntando, creo que como otros muchos, a qué vino la celebración de un consejo de ministros en Barcelona y cuanto nos costó la fantasmada. Y total... ¿para qué? Pues si le digo la verdad, más miedo me da que llegara un día a una negociación con el actual Gobierno catalán, porque si llegara a algo sería a base de concesiones: más autonomía, por no decir independencia, y más fondos. Claro que ese camino hacia el entendimiento ya quedó abierto desde hace años con el País Vasco. En fin, me salva que todo esto sólo son elucubraciones. Luego cada uno hace de su capa un sayo... sobre todo los políticos.