El pacto de la vergüenza

En el mensaje «cauteloso», enviado solamente a ciento cuarenta senadores populares, se afirmaba que con la llegada del juez Marchena a la presidencia del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, el PP seguiría controlando «por detrás» a la Sala Segunda del TS

Ignacio Cosidó./EFE
Ignacio Cosidó. / EFE
Tomás Martín Tamayo
TOMÁS MARTÍN TAMAYO

Ahora caza de brujas. En el PP importa más quien filtró el WhatsApp vergonzoso de Cosidó que el contenido del mismo. Lo importante no es el mensaje sino el mensajero, en eso nada ha cambiado de la época de Rajoy, porque el código -¿ético?- del partido exige a trabajadores, cargos directivos y orgánicos «observar el máximo rigor en el desempeño de sus funciones, absteniéndose de cualquier conducta que, aun siendo plenamente legal, pueda dañar la imagen u honorabilidad del Partido Popular». ¿Aun siendo plenamente legal? Eso dicen, lo «absolutamente legal» debe obviarse si pone en cuestión la imagen del partido. Don Vito Corleone no habría exigido menos. Más es difícil.

En el mensaje «cauteloso», enviado solamente a ciento cuarenta senadores populares, se afirmaba que con la llegada del juez Marchena a la presidencia del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, el PP seguiría controlando «por detrás» a la Sala Segunda del TS, que es la que está llevando todo el conflicto del secesionismo catalán. Cosidó, como portavoz popular en el Senado, fue el que pulsó la tecla del envío masivo, pero niega la autoría del texto que, según dice, es un alto cargo de la dirección del partido.

Veinticuatro horas después, el juez Marchena, que ya estaba cuestionado desde que se conoció el pacto de la vergüenza de PP/PSOE/Podemos, hizo público un comunicado defendiendo su independencia, con un explícito «pase de mi este cáliz» que dejó a los tres partidos con sus vergüenzas manipuladoras al aire. Alentador que C´s se desmarcara del reparto. Así se ha hecho evidente que la separación de poderes en España es una entelequia porque a la hora de la verdad son los partidos los que arbitran el juego en el legislativo, ejecutivo y judicial. Una amalgama vergonzosa de la que el PP y el PSOE no quieren salir y en la que ha entrado Podemos, por lo del fraile que llevaba una puta al hombro: «Todo es bueno para el convento».

Bendito WhatsApp, que ha destapado la verdadera intención que se esconde debajo de tanta soflama, motivando la demolición de un edificio con aluminosis… ¿Y lo importante ahora es conocer la identidad del senador que lo ha filtrado o saber si el texto salió o no de Génova 13? Otra vergüenza más.

¿Y qué medida inmediata han tomado en el PP? Han clausurado el grupo de WhatsApp, una solución tan inútil como infantil, porque para destetar el becerro no es necesario matar a la vaca. ¿A ninguno se le ha ocurrido que el mejor remedio es rezar tres rosarios o no comer roscón de reyes? Pues eso, disuelto el grupito resuelto el problema de la vergonzosa injerencia.

Y Cosidó sigue de portavoz del PP en el Senado. Sí, de momento Pablo Casado está usando la misma táctica que con la nívea Cospedal y, poniéndose de perfil, señala con la nariz la puerta de salida. Supongo que está sentenciado, pero esperemos el resultado después de ver que la ministra de Justicia sigue siendo la misma que aplaudía las tácticas «puteriles» de Villarejo y no denunció que jueces y fiscales anduvieran con menores… Es todo tan sórdido, tan tabernario, y son las tragaderas de los partidos tan grandes, que por ellas pueden cruzarse cinco trenes sin darse el aire.

¿Y se quejan de que haya una creciente involución, de que muchos renieguen de un sistema que es filfa aparente y miren el pasado con nostalgia? No importa, llegado el caso, también estarán ellos. Los mismos.