«No hay recetas mágicas para frenar la amenaza de la ultraderecha»

El politógo Pablo Simón./Alberto Ferreras
El politógo Pablo Simón. / Alberto Ferreras

«A Rajoy no le echó la extrema izquierda, lo hizo el PNV», sostiene el polítólogo

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

 El politólogo Pablo Simón (Arnedo, 1985) publica 'El príncipe moderno', un libro en el que el autor analiza los últimos vaivenes políticos a nivel internacional y nacional.

¿Tenemos príncipes modernos en la política española?

Creo que para ser político tienes que ser un poco príncipe. Hay que ser capaz de entender que la política tiene dilemas, que a veces ganas y otras pierdes, que la sociedad es compleja y plural, que hay que ajustar los medios a los fines que se persiguen. Creo que esto está muy interiorizado en el mundo de la política. En ocasiones el riesgo que se corre es una sobremoralización, que sucede cuando todo lo que hablamos en política va de valores y elementos abstractos, de quien es el más justo o puro. Eso no deja margen a lo que es la política, que es la confrontación entre diferentes visiones y la búsqueda del compromiso entre ellas.

En el libro señala que desde la Segunda Guerra Mundial la democracia ha tenido muy buena prensa. ¿Sigue sucediendo así cuando tenemos dirigentes como el húngaro Viktor Orbán, el italiano Matteo Salvini o, muy posiblemente, el brasileño Jair Bolsonaro?

Es verdad que la democracia está en problemas y es indudable que estamos viendo procesos de regresión autoritaria en países como Hungría, Polonia, Turquía o , probablemente, Brasil. También en Estados Unidos. Creo que esto abre la posibilidad de que vayamos a escenarios de autoritarismos plebiscitarios, sistemas basados en hombres fuertes que se dedican a desmantelar los controles democráticos, erosionar los derechos de las minorías y levantar los contrapesos de los sistemas judiciales. Esto lo vemos cada vez en más países y es un riesgo evidente. Para que la democracia funcione se necesitan dos elementos más allá de las instituciones: tolerancia y autocontención desde el poder.

¿Hay alguna receta para enfrentar esta amenaza?

Ahora estamos en un contexto muy diferente al de hace 30 o 40 años. Tenemos partidos, sindicatos o iglesias que están en seria crisis. También unos electorados muy erosionados por la recesión y las dinámicas de globalización y revolución tecnológica. Estamos además en un momento de volatilidad electoral en el que cada vez surgen más fuerzas políticas y en el que la extrema derecha gana terreno. No hay recetas mágicas. Todo lo que podemos hacer es alertar de que esto sucede y confiar en que los votantes al final tomarán la mejor decisión o, y esto es muy importante, que las élites políticas y económicas entiendan en algún momento que apoyar este tipo de opciones es suicida en el medio plazo. El hecho de que una parte importante de la derecha brasileña se haya colocado detrás de Bolsonaro simplemente por su odio al Partido de los Trabajadores de Lula es un riesgo que no están calibrando bien, porque esto puede originar consecuencias que les acabarán perjudicando también.

 Socialdemocracia

En cuanto a ideologías ¿es la socialdemocracia la principal perjudicada por los efectos de la crisis?

Sí, de momento. Pero ojo que los conservadores también están mal. La extrema derecha crece a costa de ambos. La socialdemocracia es un tema muy recurrente y llevamos hablando de su crisis prácticamente desde que empezó a existir. Siempre lo está. Se apuntan diferentes explicaciones. Según algunos, se debe a los giros ideológicos que se dieron en la tercera vía y los liderazgos de los partidos. Sin negar esto, yo creo que el mundo se ha vuelto más complejo y la socialdemocracia ha muerto de éxito. El Estado del Bienestar lo defiende ahora izquierda y derecha.

¿Pueden ser los Gobierno de España y Portugal un modelo para recuperar la socialdemocracia?

Portugal, Reino Unido y España son los únicos sitios donde están evolucionando a la contra. En el resto de países, los socialdemócratas o han sido superados por otras fuerzas a su izquierda o sufren el terrible dilema de tener que ser el partido que desempate, y esto para ellos es letal.

Mariano Rajoy dice que fue derribado por la extrema izquierda. ¿Está de acuerdo?

Me sorprendía que no hubiera salido todavía a despecharse. Fue derribado por el PNV, no por la extrema izquierda. El expresidente del Gobierno ha dado una lección muy interesante a los políticos que vengan en el futuro. En un contexto fragmentado como el actual hay que cerrar pactos de legislatura y no puntuales. Hay que asegurar una mayoría estable que no permita una moción de censura. Si Rajoy hubiera sido capaz de atar al PNV habría dado igual el voto de los independentistas catalanes.

¿Ha aceptado el PP que lo desalojaran del poder?

Siempre es doloroso. Al principio el PP intentó coquetear con que el Gobierno de Sánchez es ilegítimo, pero esa idea no ha calado en la sociedad española. La prueba evidente es que el malestar con la política ha caído 15 puntos. Otra cosa es que el Ejecutivo sea débil o que debieran haberse convocado elecciones, pero no es ilegítimo. Estamos en un sistema parlamentario. Mucha gente ha descubierto que lo importante no es quien queda primero o segundo, sino quien suma. Los partidos políticos deben asumir esta lección.

Pablo Iglesias sostiene que se acabaron los Gobierno en solitario.

Es muy probable. En 2019 veremos gobiernos de coalición a nivel municipal y autonómico. Los nuevos partidos no quisieron entrar en 2015 porque aún desconfiaban de las instituciones y algunos aspiraban al 'sorpasso'. Eso se ha acabado y creo que es realmente positivo para España tener a los nuevos partidos gestionando y viendo los límites de la política. Nosotros somos de los pocos países de Europa que jamás ha tenido un Gobierno estatal de coalición. ¿Por qué? Hasta ahora los que desempataban eran los nacionalistas catalanes y vascos, que rechazaban entrar en el Ejecutivo.

¿Vamos hacia la formación de dos bloques ideológicos?

Parece que es lo que estamos viendo. La polarización se está produciendo aunque luego puede haber sorpresas cuando llega la negociación. La aritmética es muy variable. Si PP y Ciudadanos no llegan a la mayoría absoluta y tampoco PSOE y Podemos, quienes siguen teniendo la llave de la gobernabilidad son los independentistas. Y en esa situación tiene una relativa ventaja la izquierda para formar Gobierno.

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