‘Nihil novum sub sole’

Cuando Companys se asoma al balcón la tarde noche de octubre y pronuncia su soflama independentista ¿qué estaba haciendo? Cuando los socialistas, después de concienzuda preparación, se lanzan junto a los anarquistas a la conquista de Asturias, ¿a qué jugaban?

FELIPE SÁNCHEZ GAHETE

Decía Unamuno que tropezamos con el pasado al avanzar, que lo que ha de ser, ha sido ya. Releyendo a Carlos Seco –para los suspicaces, un apunte: su padre, militar, fue fusilado por los sublevados al inicio de la Guerra Civil–, pergeño este artículo porque el historiador nos recuerda que Cataluña no ha terminado siendo parte de España, partió de España, de la Hispania que era una realidad íntegra antes del desastre del siglo VIII y tras el cual fueron naciendo Asturias, León, los condados pirenaicos, etc., para, entre todos, luchar por recuperar la entidad perdida: «Cataluña, como el resto de los pueblos españoles, volvió a ser España… y no ahora. Hace cinco siglos».

Para Cambó, del que no sé si queda alguna calle por aquello de su apoyo a los sublevados del 36, como para Prat de la Riba –el lema de la Lliga era una ‘Catalunya lliure dins l´Espanya gran’–, el «hecho diferencial» lo era con respecto al resto de España –léase Castilla–, no con respecto a España: «…La manera que tenemos nosotros de ser españoles es conservándonos muy catalanes…; ¡no nos despañolizamos ni un ápice sintiéndonos muy catalanes…; la garantía de ser nosotros muy españoles consiste en ser muy catalanes…».

Cambó denunciaba en 1935 la intentona revolucionaria de unos meses atrás y la insensata actuación de la Generalitat; pedía, rogaba, un Gobierno que gobernara pensando en España.

Si queremos ser objetivos, si sólo vemos las vigas y pajas de los que no piensan como nosotros y obviamos las nuestras, tendremos que colegir que atentar contra el orden constitucional es ilegal, lo hagan unos u otros y que los que lo hicieron en el 36 ni fueron los únicos ni los primeros. Muchos lo habían hecho antes y muchos lo han hecho después.

Cuando Companys se asoma al balcón la tarde noche de octubre y pronuncia su soflama independentista ¿qué estaba haciendo? Cuando los socialistas, después de concienzuda preparación, se lanzan junto a los anarquistas a la conquista de Asturias, ¿a qué jugaban?

El PSOE, con una ley electoral que se había fabricado ‘ad hoc’, aunque paradójicamente diera el triunfo a las derechas un año antes, se relamía de gusto pensando que Alcalá-Zamora convocaría elecciones tras el abandono de la CEDA a Lerroux, pero éste no lo hizo. La inclusión de tres ministros de la CEDA en el Gobierno hizo que el PSOE utilizara esta excusa para lanzarse a la rebelión.

Largo Caballero, siguiendo la senda de Pablo Iglesias que ya había dicho desde la tribuna del Congreso cosas como ésta: «…nosotros hemos llegado al extremo de considerar que antes de que Su Señoría suba al poder debemos llegar hasta el atentado personal». Y no era la primera vez que lo decía en público. Meses antes, en un mitin celebrado en el Teatro Barbieri, Iglesias se había reafirmado en un artículo suyo en el que había escrito que Maura se había hecho acreedor al atentado y reiteró su firme creencia de que «Maura se merece el atentado… Su desaparición sería un gran bien para España y para la humanidad», comparte con Prieto la teoría de que un régimen democrático que no les vota debe declararse ilegítimo: «Nosotros fuimos a una revolución y el poder cayó en manos de los republicanos y hoy hay en el poder un Gobierno republicano y ya destruye lo que hicimos nosotros».

¿Quién entonces o ahora puede dar lecciones de democracia a quién? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

No todos pensaban así, pero esta facción se impone a los besteiristas y desaloja a quienes no piensan como ellos, quedando Prieto –años después, en el exilio, se declaró culpable ante su «conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera de (su) participación en aquel movimiento revolucionario»– como recaudador de fondos y voluntades para la intentona.

Lo que sucedió, ya se sabe: la revolución sólo prende lo suficiente en Asturias y sirve en Barcelona a Companys y los suyos para lanzar el órdago.

Companys comunicó sus intenciones al general Batet, entonces capitán general de Cataluña, y le pidió que se pusiera a sus órdenes para servir a la República Federal de Cataluña. Batet habló con Pérez Farrás, jefe de los Mozos, el cual le comunicó que sólo obedecería al presidente de la Generalitat. –¿Se puede extrañar alguien del comportamiento de Josep Lluís Trapero?–.

Pero Batet hace bien su trabajo y Companys y compañía se rinden la madrugada del día siete. Ocho días después las tropas de Balmes llegan a Mieres. Allí López Ochoa se reúne con Belarmino Tomás, SOMA-UGT, que negocia la rendición de los huelguistas.

Tomás –vuelta la burra al trigo– se rinde con este llamamiento a los mineros:

«¡Camaradas! ¡Soldados rojos! Delante de vosotros, convencidos de que hemos sido fieles a la confianza que depositasteis en nosotros, venimos a hablaros de la triste situación a la que se ve reducido nuestro glorioso movimiento de insurrección. Hemos de confesar nuestras conversaciones de paz con el general del ejército enemigo. Pero hemos sido derrotados sólo por un tiempo. Todo lo que podemos decir es que, en el resto de las provincias de España, los trabajadores no han sabido cumplir con su deber y no nos han ayudado. A causa de ello, el gobierno ha podido dominar la insurrección de Asturias. Además, aunque tenemos fusiles, ametralladoras, y cañones, carecemos de munición. Todo cuanto podemos hacer es concertar la paz. Pero esto no significa que abandonemos la lucha de clases. Nuestra rendición de hoy no será más que un alto un alto en el camino, que nos servirá para corregir nuestros errores y para prepararnos para la próxima batalla, que habrá de terminar en la victoria final de los explotados».

¿Aprenderemos alguna vez de nuestro pasado? La posverdad no sólo atañe al callejero y hace daño al bolsillo de los españoles, esto quedaría en anécdota, lo peligroso es que juega con sus sentimientos y confunde los hechos intencionadamente, aun sabiendo los riesgos que conlleva.

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