Continúa la búsqueda del niño desaparecido en la riada de Mallorca

Continúa la búsqueda del niño desaparecido en la riada de Mallorca
AFP

El número de muertos se eleva a doce, tras hallarse los cuerpos de un matrimonio alemán | Los Reyes visitan varias casas de Sant Llorenç y conversan con los vecinos

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMallorca

El número de fallecidos por las intensas lluvias en la zona del Llevant de Mallorca asciende a 12 tras encontrarse este jueves los cadáveres de un hombre y una mujer, el matrimonio alemán que los equipos de rescate buscaban, tal y como ha informado el 112.

El hallazgo ha tenido lugar cerca de la localidad mallorquina de Artà, donde el miércoles fue encontrado el vehículo en el que viajaba un matrimonio alemán residente en Mallorca: Petra Kircher, de 63 años, y Mike Kircher, de 61, que estaban desaparecidos desde el martes por la noche. Por otra parte, los servicios de rescate continúan la búsqueda del niño de 5 años mallorquín que continúa desaparecido.

El millar de efectivos movilizados desde el martes tras la riada que asoló Sant Llorenç (Mallorca) miran cada vez con más desesperación a la trayectoria del torrente que asoló la localidad y centran la búsqueda de los en la desembocadura de ese cauce en la Cala S´Illot, a unos diez kilómetros de distancia de la tragedia. Las esperanzas de encontrarle cerca de la localidad se desvanecen a medida que pasan las horas y la mayor parte de los trabajos se concentran ya en el Mediterráneo.

Está resultando una «labor muy complicada porque la visión es muy mala con tango fango y tierra en el agua», señalan fuentes de la Guardia Civil. Se trataba en una zona de costa de unos 600 metros de longitud donde hay una profundidad máxima de unos 20 metros. Los efectivos buscan tanto a los desparecidos como vehículos de quienes se encontraban en Sant Llorenç la noche de la riada.

El rey Felipe conversa con varios vecinos de Sant Llorenç des Cardassar. / EFE
Los Reyes visitan varias casas de Sant Llorenç y conversan con los vecinos

Los reyes han recorrido este viernes por la tarde las calles de Sant Llorenç que el pasado martes quedaron anegadas por el desbordamiento del torrente y han saludado a cientos de víctimas a quienes han expresado su pesar por las pérdidas materiales y la muerte de 12 vecinos de la comarca.

Don Felipe y doña Letizia han dado un largo paseo por el centro del pueblo, el más afectado por la torrentada mortal, y han visitado algunas de las casas que continúan anegadas de fango.

Los monarcas han saludado uno a uno a cientos de vecinos y han charlado con muchas personas que les han contado cómo vivieron el violento desbordamiento del torrente de Ses Planes, cuáles son sus daños materiales y, en algunos casos, cuál era su relación o conocimiento de algunas de las doce personas que han perdido la vida en la mayor catástrofe de la historia reciente de Mallorca.

Al término de la visita, de unas dos horas y media, Don Felipe quiso resaltar la gran solidaridad de los mallorquines: «Uno se da cuenta de la dimensión de la tragedia en un sitio tan pequeño y de forma tan concentrada».

La fuerza con la que la lengua de agua, barro, lodo, vegetación, coches y todo tipo de enseres arrasó el pueblo el martes por la noche en apenas dos horas ya hizo pensar a los efectivos de la Guardia Civil y la UME que podrían encontrar a los desaparecidos cerca del mar, al haber sido arrastrados por la corriente sin que nada pudieran hacer para evitarlo.

Todos los agentes, militares y voluntarios movilizados siguen pendientes de los equipos submarinos y de los aéreos y del resultado de sus incursiones en la zona afectada, donde se teme que se haya podido derrumbar algún edificio.

Durante toda la noche, parte del dispositivo siguieron rastreando los alrededores del cauce que se llevó por delante todo lo que se encontraba, aunque durante la noche no se han podido realizar búsquedas aéreas en helicóptero ni acuáticas. Además, se ha puesto en marcha un comité de coordinación entre el Estado, el Govern de Baleares y los municipios afectados para centralizar todas las actuaciones a realizar, así como las ayudas que se podrían conceder.

Quienes han trabajado durante la noche explican que han estado atentos «a cualquier ruido o señal» que se pudiera producir para dirigirse a algún lugar concreto y encontrar a alguno de los tres desaparecidos. «Una rama, un golpe en un coche o un animal que se haya acercado a un determinado sitio pueden ser pistas que nos lleven a encontrarles«, relata uno de los guardias civiles que participan en el dispositivo.

La distribución de tareas del medio centenar de efectivos elaborada a primera hora de la mañana en el Puesto de Mando, a las afueras de Sant Llorenç, ha permitido que parte de esos agentes y militares estén ayudando a los vecinos del pueblo a las labores de desescombro de casas y negocios, así como a la retirada de vehículos que aún están destrozados en las calles de la localidad. «Sin ellos, tardaríamos días en recomponer la situación», admite uno de los afectados.

Los que lo vivieron solo encuentran una palabra para describirlo: «apocalipsis». El fin del mundo comenzó a llegar al noreste Mallorca con las últimas horas de luz del martes en forma de un diluvio con una cantidad de agua superior, en algunos lugares, a los 300 litros por metro cuadrado en solo unas horas. Un volumen de precipitaciones inimaginable. Fue un tremendo aguacero imposible de absorber por el terreno, que se cebó con saña en la comarca del Levante de la isla (a 60 kilómetros de Palma), en la que las ramblas secas y las montañas pusieron el escenario idóneo para la devastación y la muerte.

Sant Llorenç se apagó a última hora de la tarde de ayer, pero no ha dormido tranquilo. A pesar de que ya no hay riesgo de tormentas, ni avisos por lluvias, sus vecinos no están tranquilos después de que el martes se vieran sorprendidos por el torrente. Mientras tanto, se han vuelto a poner manos a la obra, con sus botas y sus palas, para quitar el fango que todavía cubre parte de las casas, garajes, tiendas y empresas de la población.

Ahora llega el momento de examinar los cuantiosos daños provocados y de recurrir a los peritos de los seguros. En cualquier caso, el Consejo de Ministros ha decidido que va a declarar zona catastrófica, para agilizar todo tipo de ayudas.

A pesar de la 'tormenta perfecta' que se había desatado por sorpresa a las 18.00 horas (el aviso meteorológico pasó de amarillo a naranja en poco tiempo) ningún vecino del triángulo maldito formado por los municipios de Sant Llorenç des Cardassar, Arta y S'Illot pensó que lo peor estaba todavía por llegar con la caída de la noche y la madrugada. Incluso cuando el aguacero parecía remitir.

Fue entonces, pasadas las 20:00 horas, cuando los torrentes secos que rasgan toda la zona se convirtieron en cuestión de minutos en avenidas de aguas nunca antes vistas. En «verdaderos tsunamis», en palabras de los testigos, que llegaron de improviso.

Avalanchas de barro -porque fueron varias- que a su paso acabaron con la vida de diez vecinos, seis hombres y cuatro mujeres. Tres de ellos extranjeros. El balance es provisional porque todavía se busca a un niño de cinco años, cuya madre, que salvo a otra hija de ocho, se cuenta entre las víctimas mortales.

Algunos fallecieron atrapados en los coches (como la madre de los pequeños o una pareja de británica y su taxista) otros en los bajos de sus casas, otros cuando intentaban escapar nadando de los aludes de lodo y agua. Otros cuerpos aparecieron después de horas de búsqueda casi en el mar, arrastrados por el alud de lodo.

'Zona cero'

Casi todas las víctimas perecieron en la 'zona cero', el pueblo de Sant Llorenç y sus inmediaciones. La ubicación de este municipio, de apenas 8.000 habitantes, le situó en el centro de la furia de la avenida de agua y lodo. El pueblo está construido justo en la confluencia de dos torrenteras (Sa Blanquera y Begura de Saumá), que desembocan, en pleno casco urbano (y después de alguna modificación hecha por la mano del hombre) en una tercera rambla, la de Ses Planes. Este torrente, convertido durante horas en un río salvaje desbordado fue la tumba de casi todas las víctimas y eso que su cauce estaba bastante limpio en previsión de lluvias copiosas.

A lo largo de los más de once kilómetros que recorrió hasta su desembocadura en el mar, junto S'Illot, (que es precisamente donde se busca el cuerpo del niño desaparecido) el torrente engulló literalmente todo. Las aguas del Ses Planes, ayudadas por un descenso de 80 metros, se volvieron especialmente virulentas. Casi aguas bravas. Su cauce habitual, de apenas dos o tres metros, llegó en algunos puntos a más de un centenar de metros.

El aluvión, en su origen, comenzó convirtiendo las calles de Sant Llorenç en ríos de hasta dos y tres metros de altura. La fuerza de la confluencia de los dos torrentes provocó pilas de cinco o seis automóviles. En el pueblo, las olas de fango arrasaron la gran mayoría de las casas, reventando literalmente muros de varios centímetros y haciendo saltar las puertas, dando vía libre a que la corriente arrastrara todo tipo de enseres. La mayoría de los vecinos del pueblo lograron ponerse a salvo subiendo los pisos altos de las viviendas, incluso escalando hasta los tejados y árboles cercanos. Muchos también consiguieron alcanzar las zonas más elevadas del municipio, que se libraron de las principales arremetidas de las aguas, aunque también sufrieron importantes desperfectos.

Torrente abajo la situación fue igualmente dramática. Tras arrasar Sant Llorenç, el aluvión de barro y agua desbordó puentes, engulló infraestructuras y se comió pedazos de varias carreteras de la comarca mientras arrastraba como si fueran de papel decenas de coches a las cunetas. Los campos se anegaron en segundos, dificultando aún más la huida de los afectados hacia lugares seguros en las colinas. La tierra no daba abasto para filtrar el equivalente de tres bañeras completas de agua por metro cuadrado.

Devastación

Con la llegada del día, la envergadura del desastre se hizo evidente. La comarca había sido devastada por el lodo y era casi inaccesible, con once carreteras dañadas. Los daños materiales, incalculables, tanto en domicilios como en campos o vehículos. Más de 200 personas, según las primeras estimaciones, lo han perdido todo o casi todo. O al menos, sus viviendas son inhabitables y han tenido que dormir -la primera de muchas otras noches- en los polideportivos Miquel Ángel Nadal y Na Capellera de Manacor y Es Pinaró de Son Servera.

Después de una noche de espanto en la que solo los guardias civiles y algunos bomberos pudieron llegar a las zonas más afectadas, la ayuda llegó a raudales.

Cerca de un millar de personas (630 funcionarios y más de 400 voluntarios) trabajaron a destajo en la búsqueda de los desaparecidos, en la limpieza y en la reapertura de las vías, en la puesta en marcha de servicios esenciales y en la asistencia de los afectados. Efectivos del Ejército (la UME desplazó 80 efectivos en avión desde Valencia para rastrear palmo por palmo siete de los kilómetro del torrente Ses Planes) Guardia Civil, Policía Nacional, bomberos, policías locales y de Protección Civil, voluntarios. el tenista Rafa Nadal, que participó en persona en las tareas de limpieza, ofreció las instalaciones de su centro deportivo en Manacor para los damnificados.

Las clases en los centros docentes volverán a abrirse el próximo lunes, aunte las rutas habituales de autobuses no prestarán servicio.

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