Investirse a bajo coste

Resulta cuestionable que Pedro Sánchez explore simultáneamente apoyos contradictorios a su elección

Las dificultades que atraviesa el diálogo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de cara a la investidura del primero se entrecruzó ayer con la carta que 66 diputados socialistas enviaron a los parlamentarios del PP para que se abstengan en la votación del candidato a presidente, en «reciprocidad» a lo que ellos hicieron en 2016 para facilitar que «España tuviera un Gobierno», aunque fuese de la mano de Mariano Rajoy. Al margen de que resulte destacable que Pedro Sánchez renunciara entonces a su escaño, antes de secundar la decisión adoptada por el PSOE, los firmantes de la misiva parecen olvidarse de que –a diferencia de Rajoy– su jefe de filas cuenta con otra posibilidad para asegurarse la continuidad en La Moncloa: el entendimiento con Unidas Podemos y con los grupos que le secundaron en la moción de censura contra el presidente popular. Tras el escrutinio del 28-A fueron los propios socialistas quienes pusieron en valor la coincidencia con Unidas Podemos en los meses anteriores para calificar al grupo liderado por Iglesias de «socio preferente» ante la nueva legislatura. Es comprensible que el PSOE explore posibilidades alternativas a los apoyos que recaba a su izquierda o los que pudiera recibir de los nacionalistas. Pero lo que resulta cuestionable es que simultanee intentos contradictorios, como si con ello lograra abaratar el coste de sus eventuales aliados. Ayer mismo, mientras Adriana Lastra e Irene Montero parecían citarse públicamente para retomar las negociaciones que la víspera habían enfriado Sánchez e Iglesias, la carta de los 66 diputados socialistas asomaba desconcertante, cuando quedan solo quince días para que su candidato intente ser elegido presidente por mayoría simple. Es hasta cierto punto lógico que Pedro Sánchez trate de cargar sobre Pablo Iglesias las culpas de una investidura que pudiera resultar fallida, recordando de antemano los antecedentes del ciclo de inestabilidad, subrayando los problemas que entrañaría concertar un Gobierno de coalición cuando las relaciones son tan distantes, y el acuerdo programático tan incierto. Pero, por eso mismo, lo consecuente hubiese sido que, previo a dirigirse al PP, el propio Sánchez hubiera declarado imposible el entendimiento con Unidas Podemos, evitando en todo caso que diputados de su grupo parlamentario reivindicaran como gesto de grandeza una postura política que él se negó a secundar, sin que hasta la fecha se haya retractado de ello. A no ser que el presidente en funciones dé por perdida la investidura de julio, y esté operando ya en clave puramente electoral.