Investidura encallada

El PSOE escenifica su brecha con Unidas Podemos al rechazar un Gobierno de coalición que acerca a una repetición de elecciones

A falta de un mes y dos días para una investidura que impida la repetición de las elecciones generales en noviembre, persiste el bloqueo sin que esa cuenta atrás haya alterado las hasta ahora irreductibles posiciones de los partidos. El PSOE desechó ayer por «inviable» una propuesta de Gobierno de coalición formulada por Unidas Podemos muy similar a la que se saldó con un fracaso de las negociaciones a finales de julio. Las apenas dos horas que los socialistas tardaron en desestimar la oferta con escasos miramientos demuestran la brecha abierta con su pretendido socio preferente, que insiste en exigir una vicepresidencia y tres ministerios a cambio de sus votos. Pablo Iglesias ha pecado de falta de realismo al intentar retomar el diálogo en el mismo punto en el que naufragó –el reparto de poder–, como si las heridas dejadas por aquel frustrado acuerdo no hubieran quebrado la frágil confianza tejida entre ambos partidos que estuvo a punto de hacerlo posible. Y como si no hubiese modificado su correlación de fuerzas el malestar generado en el entorno de Podemos por una fallida estrategia que antepuso de forma descarnada los sillones a la negociación de un programa de Gobierno de izquierdas. La nueva propuesta incurre en ese mismo error por mucho que intente ocultarlo con un decálogo de actuaciones que pretende negociar con el PSOE. El problema para Iglesias es que, tras una investidura abortada y múltiples bandazos, el presidente en funciones ha vuelto a la casilla de salida –a buscar apoyos para presidir un Ejecutivo en solitario– y parece haber llegado a la convicción de que un Gobierno de coalición con Podemos es una aventura temeraria. De que ni siquiera para un PSOE tan heterodoxo como el actual resulta un socio fiable para compartir el poder por su radicalidad en algunas materias y los tics de populismo antisistema que aún conserva. La ejecutiva socialista vino a reconocerlo ayer de forma implícita al subrayar las «importantes diferencias» entre ambos partidos en asuntos de Estado. Podemos deberá plantearse si apoya a Sánchez sin una contrapartida en forma de cargos. Transcurridos casi cuatro meses desde el 28-A, la investidura permanece encallada: el candidato socialista cuenta solo con el apoyo de 125 de los 350 diputados del Congreso. Los cálculos partidistas sobre la conveniencia para sus intereses de unas nuevas elecciones determinarán si esa salida, cada día más posible, se impone finalmente.