Ideario y programas

Los partidos políticos españoles carecen de ideario político, fuera aparte de una amalgama de principios y normas, muchos de ellos contradictorios entre sí, aureolados de un relativismo y negacionismo con etiqueta 'fake news'

LUCIANO PEREZ DE ACEVEDO Y AMOPRIMER PRESIDENTE DEMOCRÁTICO DE LA DIPUTACIÓN DE BADAJOZ. 1979-1983

Cuando el que esto escribe militaba en los recién estrenados campos de la política pre o democrática, lo partidos políticos teníamos Ideario y Programa» el primero era permanente y consustancial a la asociación política, pues constituía su cimentación y arco de bóveda, todo ello construido a base de ideas y creencias, principios y normas procedentes de las viejas costumbres y leyes romanas y cristianas, afirmadas en la modernidad que trajeron las grandes revoluciones inglesa, norteamericana y francesa.

Otros imperios y religiones diferentes a la nuestra, como el islamismo, el budismo, el confucionismo, el taoísmo, etc., fundaron distintas civilizaciones, incluso dándose el caso de que ciertos heterodoxias del cristianismo como, por ejemplo la iglesia ortodoxa rusa, el judaísmo, el protestantismo y laicismo, dieron lugar a credos y doctrinas políticas y sociales base del socialismo marxista, el anarquismo, el republicanismo, la socialdemocracia y el nazismo, entre otras doctrinas.

Diferente del Ideario político y social, fundamentalmente de componente ético y filosófico, es el Programa del partido, adaptado a las circunstancias electorales que correspondan, estatal o nacional, regional, provincial, municipal, etc., y a modo de recetario de los problemas de toda índole que debe resolver el partido en su periodo de gobierno.

Los partidos políticos españoles, excepto las lecturas clásicas del socialismo comunista, liberalismo, socialdemocracia, populismo, etc., carecen de ideario político, fuera aparte de una amalgama de principios y normas, muchos de ellos contradictorios entre sí, aureolados de un relativismo y negacionismo con etiqueta 'fake news' (desinformación). Ni siquiera un tema tan transcendental como es la Monarquía y la unidad de España forma parte del Ideario de todos los partidos, ni siquiera de los más importantes.

Este hecho tiene unas consecuencias tan negativas que implican la falta de unidad o fraccionamiento de la derecha española en general, y la izquierda en particular. España no puede ni debe tener tres partidos políticos en la derecha y centro derecha, sin un ideario claro que, probablemente, tendría coincidencias en un porcentaje muy elevado (80%-90%). Otro tanto sucede en la izquierda, aunque aquí el ideario difiere sustancialmente en lo que al marxismo y social-liberalismo se refiere, si bien el primero, el marxismo o marxismo-leninismo, siempre sería minoritario sin poder formar parte del bipartidismo conveniente o necesario.

El Ideario, como decía D. Antonio Cánovas del Castillo, recoge «las verdades madres» contenidas en la Constitución del país: la unidad territorial de España, la Monarquía, la religión (no el confesionalismo), la democracia, el Estado de Derecho, el Estado del Bienestar, la división de poderes y la economía social de mercado, la descentralización administrativa y el derecho a la autonomía en las condiciones que fije la Constitución, la defensa de los Derechos Humanos contenidos en la Declaración Universal de las Naciones Unidas (Resolución 217ª, de 10 de diciembre de 1948 en París), el derecho a la libre circulación de personas y bienes, la libertad de pensamiento y opinión, la libertad de expresión, la separación de la Iglesia y el Estado, la defensa del idioma castellano, el derecho a la igualdad de la mujer y a una sociedad de ciudadanos libres e iguales, etc.

El programa político, en general existe pero la mayoría de las veces se oculta o no se difunde lo necesario. Nos hallamos ante un proceso electoral y nadie hable del problema fundamental de España, que es la 'cuestión catalana' –como siempre se denominó– que debía ser cabecera de los respectivos programas de los partidos que concurren al proceso electoral. El partido en el poder se vale de un personaje –pequeño y saltarín– que, con una graciosa pluma, escribe y explica el tiempo que Cataluña tardará en ser independiente de España. ¿Habrase visto tamaña desvergüenza? Y el partido gobernante ni se molesta en defender la españolidad de Cataluña, y además se burla de mala manera interpretando que se trata del tiempo que haría falta para convencer a los catalanes de que deben seguir siendo españoles. ¡Demasié mon petit cochón!

Cataluña nunca ha sido ni será independiente. Se independizó de alguna manera de la monarquía carolingia en el siglo X, pasando a ser hereditario el título de Conde de Barcelona aunque, formalmente, la independencia de los francos no llegó hasta el Tratado de Corbeil (1258).

No se independizó en 1640, cuando se independizaron los portugueses, ni en 1714 con motivo de la Guerra de Sucesión entre Felipe V y el Archiduque de Austria. Tampoco consiguió la independencia Luis Companys con la proclamación del Estado Catalán dentro de la República Federal Española, como también había fracasado Francesc Macià en 1931 con su República Catalana.

Con los Decretos de Nueva Planta de Felipe V y el comercio con América resurgió Cataluña en el siglo XVIII, montando una poderosa industria textil lanera y algodonera, vinos y licores, apoyada en una agricultura de viña y frutales muy modernizada. Sumado a ello el movimiento cultural nacido del romanticismo, en Cataluña llamado 'Renaixensa', cuyo esplendor tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XIX, el catalanismo político primero y el fenómeno nacionalista, después, arraigaron fuertemente en Cataluña que, desde entonces hasta hoy, no ha parado en maniobras secesionistas y deslealtades a España.