Grietas en el PP

Pablo Casado tiene que apagar el incendio provocado por Cayetana Álvarez de Toledo mientras se oyen más voces discordantes

Pablo Casado tuvo ayer que apagar el fuego que Cayetana Álvarez de Toledo había encendido en la convención del PP vasco, anunciada en junio por el presidente territorial, Alfonso Alonso, tras los malos resultados de las elecciones generales de abril –cuando el PP vasco no logró ni un solo diputado de los 18 elegidos en Euskadi– y de las municipales de mayo cuando sólo conservó dos alcaldías en pequeños pueblos de Álava. El líder popular fue expresivo en su apoyo a Alonso –«yo también soy del PP vasco; sin vosotros no estaría en política»–, y el dirigente vasco, en un gesto para limar asperezas, admitió que «España necesita la fortaleza y la unidad del Partido Popular y necesita a un líder como Pablo Casado». Alonso ha defendido siempre la necesidad de mantener un perfil propio del PP en Euskadi, centrista y superador de la época de los años de plomo, en el que muchos afiliados fueron asesinados por sus convicciones y sus principios. La receptividad de Génova ante este requerimiento no había sido clara, y este jueves, Álvarez de Toledo acababa de prender la mecha de la discrepancia al criticar la «tibieza» de los populares vascos con el nacionalismo y su defensa de la foralidad; es decir, del régimen del concierto y el cupo. La respuesta no se hizo esperar: Borja Sémper recordó a la portavoz popular que «mientras algunas caminaban cómodamente sobre mullidas moquetas otros nos jugábamos la vida». El texto de la ponencia política que se aprobó ayer marcó la posición del PP vasco sin ambigüedades: «No queremos ser vascos que reniegan de España y de su historia ni españoles que reniegan de Euskadi y sus especificidades». Además, no se ha ocultado que Alonso y sus compañeros no comparten en Euskadi la fórmula del 'España suma' que vincularía al PP con Ciudadanos y que podría abrirse a Vox; una alianza escorada que en Euskadi impediría la recuperación del PP. El discurso radical de Álvarez de Toledo, que se relaciona sin duda con la práctica desaparición del PP de Cataluña y de Euskadi, dificulta a Casado la recomposición de su espacio político de centro-derecha, necesario para aspirar con fundamento a recuperar un día una posición hegemónica en todo el Estado. Y esta evidencia es la que ha llevado al sector más moderado del PP, con el barón gallego Núñez Feijóo a la cabeza, a objetar también la derechización que está implícita en ciertas posiciones de Génova y, desde luego, en la idea del 'España suma'.