Falta de autocrítica

El tono autoritario de Iglesias y su incongruencia le resta autoridad y crédito para pedir a Sánchez integrarse en el Gobierno

Podemos reunió ayer su Consejo Ciudadano Estatal, máximo órgano entre asambleas, para analizar los resultados de las últimas elecciones, así como para abordar la futura negociación con el PSOE para participar de algún modo en el Gobierno socialista. En el cónclave, que ha congregado a la cúpula estatal y a los dirigentes territoriales, Iglesias ha reconocido la catástrofe: «Ha habido un retroceso más que notable. Los resultados son malos y decepcionantes». Sin embargo, el líder de Podemos se ha apresurado a cargar las culpas sobre los territorios, sobre los candidatos locales. «El papel de los liderazgos ha jugado un rol muy importante», ha sido la justificación del colapso. Además, Iglesias ha culpado de la debacle al caos de siglas. Si en 2015 la formación se presentó mediante candidaturas de unidad y coaliciones identificables, ahora lo ha hecho con marcas y nombres múltiples, que incluso obligaron a Iglesias a preguntar en sus viajes cómo se llamaba Podemos en cada lugar. Es evidente que estas excusas de mal pagador no han sido convincentes y que la dirección de Unidas Podemos, después de numerosas y sucesivas purgas, así como de defecciones decisivas como la de Errejón, ha situado al partido en caída libre. El hundimiento se vio en las generales –la bajada fue de 71 a 42 diputados– y en las europeas –si en 2014 Podemos obtuvo cinco escaños e IU, cuatro, ahora Unidas Podemos ha conseguido seis–. En Madrid, el naufragio ha sido igualmente colosal; en la comunidad, la formación de Errejón Más Madrid casi triplicó a la candidatura de UP; y en el ayuntamiento, la opción podemista que se enfrentó a Carmena no logró concejales. Es evidente que esta crisis de Unidas Podemos, promovida por el tono autoritario de Iglesias y por algunas incongruencias en su conducta –el caso del chalé, sometido a referéndum, no ha sido inocuo– resta a la organización autoridad y crédito a la hora de pedir al PSOE una integración en sus políticas y en el futuro gobierno. Antes al contrario, la deslealtad de votar en la Mesa del Congreso contra la suspensión de los diputados procesados y el tono radical de Iglesias ante el sobrio auditorio del Círculo de Economía Catalán habrán convencido seguramente a la cúpula socialista de que el partido situado a su izquierda no es muy fiable. En todo caso, el cambio de Echenique por Rodríguez y el capítulo congresual de ayer no han producido avances en la dirección integradora.