Los Extremos

«Seguir a los flautistas es ignorar lo que pasó a los ratones de Hamelin»

Los Extremos
Tomás Martín Tamayo
TOMÁS MARTÍN TAMAYO

«¡Quítate allá, que me tiznas!», -dijo la sartén al cazo. La comparecencia de Pablo Iglesias, todo contrito, alicaído, ojos tristes, semblante severo y con la cabeza metida en el esternón, no pudo ser más patética. Su nuevo momento de gloria lo utilizó para alertarnos de los males que caerán sobre Andalucía en particular y España en general, con la irrupción de Vox en el parlamento andaluz. Hasta once veces nombró a la bicha de la extrema derecha, situándose él en el centro de la moderación, el equilibrio, la corrección política, la preocupación y el amor ferviente hacia una España que veía en peligro inminente porque, en un parlamento autonómico de 109 diputados, la nueva fuerza emergente, Vox, había logrado doce escaños. ¡Tierra, trágame!

En la regleta ideológica ¿dónde está el gafe de Pablo Iglesias, su Podemos y confluencias? Desde luego, y pese a lo que se ha dicho durante toda la semana, yo no lo sitúo en la extrema izquierda, porque el «vaivén del chucu-chucu» que el mocito se trae, es difícilmente ubicable más allá de la extrema nada. Pero si nos esforzamos y tenemos que poner la chincheta en algún sitio, «por sus obras los conoceréis», alguien que se nutre ideológicamente del «madurismo» -que es mucho más esperpéntico que el chavismo-, que aplaude a golpistas, muestra sus simpatías por terroristas, justifica el terrorismo y se manifiesta con sediciosos, no debe andar muy lejos de la extrema izquierda, si es que no queremos anclarlo en la extrema estupidez.

¿Y los socialistas/relativistas/oportunistas/conformistas de don Pedro Sánchez? Suena a coña que los que se cafetean, sonríen, visitan y pactan con una Bildu llena de etarras, pretendan meternos miedo con una Vox que, en su mayoría, proceden del Partido Popular. Argumentaron, como justificación inapelable, que los votos de Bildu habían salido de las urnas democráticas y que sus diputados también representaban la soberanía popular porque, diputado a diputado, dentro del Hemiciclo todos son iguales. ¡Deberían aclararnos ahora de dónde han salido los 400.000 votos de VOX en Andalucía! ¿Urnas antidemocráticas, andaluces patanes e ignorantes? ¿Tienen menos categoría los electores de Vox que los que apuestan por romper España, votando a partidos secesionistas, golpistas, empeñados en mostrar en Europa una imagen falsa de nuestra democracia, nuestras instituciones y nuestra Justicia?

Susana Díaz ha ganado las elecciones en Andalucía, como las ganó en su día Javier Arenas, pero, como aquel, posiblemente tampoco consiga el gobierno de la Comunidad, porque de las urnas salen los diputados y son estos los que eligen al presidente que, como en el caso de Pedro Sánchez, ni siquiera era diputado. Inés Arrimadas ganó las elecciones en Cataluña, pero el que gobierna es un tal «Quintorra», que ni siquiera era candidato y que llegó al ser señalado «democráticamente» por el dedo un fugado de la Justicia, como Puigdemont.

¿Está legitimada Susana Díaz para proponer el órdago de un gobierno de concentración, con ella de mandamás, claro, para evitar que Vox sea decisivo? ¡Pero si se puso de perfil para que su secretario general llegara a la presidencia del Gobierno, de la mano de separatistas, golpistas, antisistema (¿democrático?), anarquistas, extremistas, filo terroristas y demás istas!

Que Pedro Sánchez y el PSOE analicen sus prioridades, porque la de pasear a Franco, intentando ordeñar una teta seca, superada y olvidada, tiene efectos colaterales, como este de VOX, y pueden llevar al PSOE al mismo desguace que lo llevó Zapatero. Seguir a los flautistas es ignorar lo que pasó a los ratones de Hamelin.

 

Fotos

Vídeos