Excesos de manipulación

La política española hace un uso tan abusivo y a la vez bisoño de las redes sociales que corre el riesgo de que se le vayan de las manos

La fragmentación partidaria y la volatilidad política son a la vez causa y efecto del uso creciente de las redes sociales y de las posibilidades que brinda la inteligencia artificial a las estrategias electorales. La sucesión de dos comicios de ámbito nacional en el plazo de un mes está dando lugar a cambios de calado en la vida política que, sin duda, tendrá su reflejo en los escrutinios del 28 de abril y del 26 de mayo. En la segunda mitad de los años noventa las estrategias partidarias en España comenzaron a renunciar a los mensajes dirigidos al conjunto de la sociedad o a amplias capas de ella para orientarse a la movilización de los votantes propios, siguiendo pautas establecidas fundamentalmente en EE UU. A partir de ahí, el recurso a las redes primero y el manejo del 'big data' después han incrementado las posibilidades que la segmentación social ofrece para explotar la diversidad del censo desde intereses partidistas. Los compromisos y programas de orden general son sustituidos fácilmente por el diseño de mensajes específicos dirigidos a sectores concretos de la población. Las propuestas en positivo, orilladas para dar curso a descripciones sesgadas, infundios e informaciones falaces. Las nuevas tecnologías facilitan sobremanera ofrecer a cada cual aquello que desea oír; aunque sea el simple señalamiento de las posturas que detesta. Así es como puede inducirse en el ciudadano la despreocupación sobre los problemas generales que le aquejan, para alentar en él alguna obsesión reduccionista y, por eso mismo, manipulable. La adscripción a un grupo de personas con inquietudes coincidentes, o el seguimiento de determinados prescriptores, puede resultar enriquecedor para la convivencia democrática y el progreso social gracias a las redes, en tanto que ello fomente la tolerancia, el sentido crítico y el rigor en las informaciones. Pero también puede dar lugar a un uso sectarizado de las mismas. Es lo que en gran medida está ocurriendo; tanto en la pugna entre las distintas formaciones políticas como en cuanto a su vida interna, incluido el desarrollo de las primarias. La política española está haciendo un uso tan abusivo y a la vez bisoño de las redes sociales, por sus afanes extractivos, que corre el riesgo de que se le vayan de las manos, dejando además numerosos flancos a merced de verdaderos complots de desinformación. Entre abril y mayo los propios partidos podrían dejar de ser tales, si sus ya endebles procedimientos de decisión participada son objeto de continuas interferencias. Lo que afectaría muy negativamente a la solidez y a la solvencia de las instituciones.