Sin escapatoria

Sánchez no tiene más remedio que aceptar las reglas de juego de Iglesias, que renuncia a formar parte de su Gobierno para decidir sobre los términos de la negociación

La decisión de Pablo Iglesias de hacerse a un lado para favorecer la constitución de un Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos obliga a Pedro Sánchez a mostrar si quiere o no conformar una alianza hacia su izquierda, y concede al líder de la formación 'morada' una especial autoridad a la hora de encabezar las negociaciones que los socialistas no podrán eludir en los próximos días. La renuncia personal de Iglesias a su legítima aspiración a formar parte de un Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos era una eventualidad que Sánchez y su círculo más próximo debían tener en cuenta cuando resolvieron combinar su proclividad a entenderse con el líder de los cuarenta y dos escaños 'morados' con su exclusión a efectos de gobierno. Los dirigentes socialistas y la voz menos propia de ministras en funciones han realzado durante semanas las concesiones que Sánchez venía haciendo respecto a Unidas Podemos. De la «geometría variable» con la que amanecieron el 29 de abril hasta el Gobierno de coalición con otros inscritos de Podemos en el Consejo de Ministros, pasando por clamorosos ninguneos en busca de abstenciones de Ciudadanos y PP, propuestas de «cooperación», y la mención a técnicos ministrables adscritos a las otras izquierdas. Ayer tarde llegó la hora de la verdad para Pedro Sánchez. Porque esa secuencia de concesiones revela sobre todo la renuencia del candidato socialista a aceptar la realidad y su aritmética parlamentaria. El candidato propuesto por el Rey se aproxima a la investidura sin haber realizado un esfuerzo especial para asegurarse los apoyos necesarios. Pedro Sánchez interpretó el escrutinio del 28 de abril como la demostración de que solo él podía ser elegido presidente por el Congreso. Lo que le llevó a concluir que su investidura estaba garantizada. Casi tres meses después lo primero parece más que cierto; mientras que lo segundo está más que en entredicho. Ni las llamadas en todas direcciones con las que Sánchez ha tratado de recabar apoyos, ni los emplazamientos dirigidos específicamente a Unidas Podemos han servido para sumar escaños a los 123 socialistas, cuando en tan solo tres días el Congreso retratará con sus votos al candidato propuesto por Felipe VI. La renuncia final de Pablo Iglesias estaba cantada; a cambio, claro está, de que Pablo Iglesias decida sobre los términos finales del acuerdo de coalición entre PSOE y Unidas Podemos. De tal forma que Sánchez acepta las reglas de juego de Iglesias, o no tendrá más remedio que someterse al dictamen de unas nuevas elecciones.