Elecciones nuevas y problemas viejos

No parece que a los aspirantes a presidente y a los quese conforman con ser diputados provinciales les preocupen demasiado estos graves problemas nuestros. Ahora andan demasiado ocupados tratando de abrirse un hueco enel Senado o en el Congreso, aunque sea a codazos

TERESIANO RODRÍGUEZ NÚÑEZPeriodista

Los más jóvenes apenas habrán oído hablar de Emilio Romero. Para quienes no le conocieron, baste decir que fue una de las figuras más significadas del periodismo hispano en la época franquista: ya en los años cuarenta hizo carrera en periódicos importantes; de 1952 a 1976 dirigió 'Pueblo', un periódico teóricamente de los sindicatos, con una amplísima difusión, que servía al franquismo imperante. Estuvo luego en 'El Imparcial' e 'Informaciones', pero eran ya tiempos de transición, bien distintos. Pues bien: Emilio Romero, para referirse a él y otros de su quinta cuando ya las cosas estaban cambiando, solía decir «los que venimos de la historia». La frase me ha hecho recordar a Pedro Sánchez, no porque también él venga de la historia, sino porque parece estar empeñado en hacerla, dirigirla y escribirla... aunque sea con amanuense. Da la sensación de que, si pudiera, sería más bien el 'Juan Palomo' de «yo me lo guiso, yo me lo como».

Cuando en la España moderna empezaban a 'pintar bastos', con Mariano Rajoy practicando el 'tancredismo', aquel inmovilismo tan de su estilo como si no pasara nada o lo que pasaba no fuera con él, aunque las nubes presagiaran tormenta e incluso sonaran los primeros truenos de la 'Gürtel', se comenzó a hablar de moción de censura, idea en la que tomó la delantera Pedro Sánchez, dicen que asesorado por un consejero que ya había hecho prácticas por estas tierras con J. A. Monago. El caso es que la moción fue apoyada por una mayoría, que convirtió a Pedro Sánchez en presidente del Gobierno, lo que nunca había logrado ni de lejos por el cauce normal de unas elecciones.

Lo normal en semejantes situaciones es que más pronto que tarde se hubieran convocado nuevas elecciones. Y es lo que P. Sánchez había prometido. Pero debió cogerle gusto al Palacio de la Moncloa, al sillón presidencial y a las correrías con el Phanton... el caso es que no movió un dedo hasta que se vio forzado a ello al no lograr la aprobación de los nuevos presupuestos, que ese era el recodo del camino en el que le estaban esperando los diputados de los demás partidos para ajustar las cuentas. Y en esas estamos, a la espera del 28 de abril, fecha fijada para las elecciones generales, anticipándolas a las regionales y locales del 26 de mayo, sin duda para que los electores no nos liemos teniendo que manejar de una vez tantas papeletas para elegir alcaldes y concejales, diputados, senadores... en fin, un barullo.

No hace falta decir que el hoy presidente en funciones y pretendiente a seguir siéndolo utilizará cuantas 'herramientas' tenga a su alcance para lograrlo. Y algunas ventajas proporciona su condición de presidente aunque sea en funciones. Bien es cierto que semejante posición le deja expuesto a todas las miradas. No sólo eso, sino que la vida sigue, también la vida pública que representan la política y el gobierno, obligando más de una vez a tomar decisiones que no pueden esperar hasta que se celebren las elecciones. ¿Acaso dan tregua los independentistas catalanes? Bien mirado, habría que decir que semejante tema/problema sobrepasa el despropósito para rayar en la desvergüenza. Asombra ver las maquinaciones de Puigdemont y Quim Torra para complicar las cosas lo más posible dentro y fuera de Cataluña, tratando de hacer verdad el aforismo de «cuanto peor, mejor».

Pero yo no trataba hoy de hablar de Cataluña, sino de las elecciones que tenemos en el horizonte casi inmediato y de los problemas cotidianos de los españoles y más concretamente de los extremeños, algunos de los cuales, por antiguos, están pidiendo a gritos solución. Por ejemplo, las comunicaciones: un tema que aburre, porque se viene manoseando desde hace más de 20 años y no hemos pasado de las autovías Badajoz-Madrid y la Vía de la Plata, nuestro eje Norte-Sur. De los trenes... seguimos en las promesas de lo que vamos a hacer y acontecer y en unas obras cien veces prometidas y en las que se sigue trabajando, según dicen, aunque no se le vea el final. Claro que, si importantes son las comunicaciones, hay dos cuestiones tanto o más preocupantes: la despoblación y el paro.

Se diga lo que se diga, muchos de nuestros pueblos se están muriendo. Comenzó su agonía en la década de los años sesenta, los de la gran emigración: se fueron a Francia, Alemania, Suiza... Tiempo después volvieron, sí, pero no al pueblo del que salieron, sino al País Vasco, Cataluña, Madrid... Y por allí siguen sus descendientes; pocos y mayores los más que quedan, el futuro no hará sino empeorar si no se le pone remedio. Pero no parece que a los aspirantes a presidente y a los que se conforman con ser diputados provinciales les preocupen demasiado estos graves problemas nuestros. Ahora andan demasiado ocupados tratando de abrirse un hueco en el Senado o en el Congreso, aunque sea a codazos.

Cada vez huyo más de los mítines, tal vez porque ya tuve que oír demasiados en el pasado. Pero por lo que llega a través de los medios de comunicación, parece que predomina el perfil bajo. Tan bajo en ocasiones que los discursos se centran más en desprestigiar a los contrincantes que en exponer programas y proyectos ilusionantes. No creo que la actual campaña electoral pase a ser modélica entre las que llevamos vividas en España en el ya largo periodo democrático. El fraccionamiento de los partidos de uno y otro signo no conduce a líneas políticas claras. Tal vez por eso se prodiguen más las descalificaciones personales que la defensa de idearios y programas definidos. Veremos si, llegado el caso, a la hora de gobernar son capaces de ponerse de acuerdo los afines. Con demasiada frecuencia los intereses partidistas y personales pueden más que las ideas.