Dictamen parcial

La responsabilidad de los órganos de regulación y supervisión financiera sobre la crisis aún latente no puede eximir de sus culpas a los partidos gobernantes

La Comisión parlamentaria que investigaba sobre la crisis del sistema financiero español y el programa de asistencia bancaria dio a conocer ayer su dictamen, aprobado por mayoría gracias al entendimiento entre el PP y el PSOE, frente al voto en contra de Ciudadanos y la abstención de Unidos Podemos y Compromís. La descripción que el dictamen hace del comportamiento negligente de los órganos de regulación y supervisión financiera, que de manera ostensible soslayaron las indicaciones de sus propios técnicos sobre las fallas del sistema y sobre la irregularidad de determinadas prácticas, resulta tan descarnada que por sí misma obliga al Congreso y al Senado a modificaciones legales; incluida la necesidad de que sus inspectores y funcionarios no puedan ser removidos de sus puestos por razones de conveniencia. Pero al cargar justamente sobre el flanco del Banco de España y de la CNMV, el dictamen auspiciado por PP y PSOE elude las responsabilidades contraídas por los partidos gobernantes, tanto en el Ejecutivo central como en las autonomías. Estos mantuvieron una actitud entre contemplativa y connivente con los actos y omisiones que condujeron a la debacle financiera, que no pueden reducirse a la ingenuidad, la imprudencia o la avidez cortoplacista a la hora de legislar –sobre el suelo o las titulaciones– cuando la interesada y desastrosa gestión de infinidad de cajas de ahorros alcanzó el cenit de la desvergüenza en el escándalo de Caja Madrid y Bankia. El dictamen parlamentario incurre en un verdadero despropósito cuando quienes lo redactan limitan las culpas a la actuación individual de algunas personas; siguiendo con ello la fórmula exculpatoria con la que los partidos se desentienden de todas aquellas irregularidades que propician o de las que son beneficiadas. Ciudadanos lleva razón al criticar abiertamente una carencia que no resulta nada inocente por parcial. El dictamen concluye que el sector bancario debe reconstruir «la relación de confianza con los clientes, poniéndolos siempre en el centro de todas las decisiones». Pero hay un criterio inexorable que prevalece en su actuación, la preeminencia de los intereses de sus accionistas. Un conflicto latente que aflora cada vez que alguien requiere de los servicios de la banca. Las verdades del dictamen parlamentario sobre el fiasco financiero quedan desdibujadas a causa de la velación de otra parte de su realidad: El problema final del dictamen aprobado ayer es su déficit de autoridad.