Despoblación y recursos

Como no podemos atraer a gente que trabaje, nuestros pueblos han de saber atraer a personas que ya no necesitan trabajar, como son pensionistas y jubilados, de los que cada día hay más como nos demuestra la demografía

despoblación de nuestros pueblos y aldeas es un problema de primera magnitud que necesita ser tratado urgentemente. Hemos oído estos días que, al parecer, será objeto de atención y una de las próximas actuaciones del Gobierno si no se queda en otra promesa incumplida más.

De un tiempo a esta parte el abandono de nuestros pueblos es imparable. Hace unos años fue la fuerte emigración de nuestra gente atraída a zonas industriales que daban pan y trabajo. Una vez equilibrado aquel efecto, la gente del pueblo prefirió vivir en la ciudad y disfrutar de las ventajas y servicios que en el pueblo no encontraba. Hoy nuestros jóvenes también tienen que abandonar el pueblo una vez acabada su formación por falta de oportunidades. Es una sangría imparable que producirá el total y seguro abandono de nuestros pueblos.

¿Qué hacer, cuál es la solución? No es tarea fácil ni existen varitas mágicas ni soluciones que valgan para todos los núcleos pequeños. Más bien cada caso requiere un estudio, diagnóstico y tratamiento particular y específico.

Como norma general se observan dos casos generalizados y comunes en todos ellos como causa principal del abandono: la falta de trabajo y las condiciones de vida.

Es evidente que nuestros pueblos no ofrecen oportunidades para atraer puestos de trabajo aparte de los genéricos que proporcionan los servicios públicos: funcionarios municipales, médicos, maestros, guardias civiles, carteros y otros que habrá que generar para atender las necesidades sociales que vayan presentándose como servicios geriátricos y de asistencia familiar. Aparte, también los propios de faenas agrícolas de la zona: agricultura, ganadería, guardería, molinos y almazaras, poda y descorche, carbones y otros que habrá que seguir potenciando.

Parece evidente también que, para presentar atractivas nuestras aldeas, estas han de contar con los servicios públicos necesarios en cantidad y calidad suficiente: carreteras y accesos, electricidad, telefonía e internet, servicios médicos y geriátricos, escuelas, saneamiento y alcantarillado, asfaltado de calles (o empedrados) etc, para que los vecinos disfruten de parecidos beneficios que les ofrece la ciudad.

En cuanto a la oferta de puestos de trabajo, la cuestión, aunque no menos importante, puede obviarse. Como no podemos atraer a gente que trabaje, nuestros pueblos han de saber atraer a aquellas personas que ya no necesitan trabajo, como son pensionistas y jubilados de los que cada día hay más, como nos demuestra la demografía española.

Muy importante será que añadamos otros atractivos que sirvan de acicate en ese intento de rescatar vecinos para nuestros pueblos. Disponemos de muchos alicientes que ofrecer. Veamos algunos:

1) El clima: es un valor que no disfrutan otras regiones del país.

2) La calidad de vida: Aquí la paga da mucho más de sí.

3) Tranquilidad: sin tráfico, sin estrés, sin prisas, la siesta, el tomar el fresco en la calle, la vida en el pueblo resulta plácida, grata, feliz y asistida.

4) La gastronomía: productos naturales, fruta del tiempo, carnes, pescados, caza (ciervo, jabalí, conejo de campo, perdices, palomas), pesca (trucha, carpa, black- baas, tenca), embutidos, vinos, dulces, quesos, miel…

5) La relación calidad-precio de los productos: son excelentes y mejoran la economía familiar.

6) La armonía y proximidad: en las calles, en las terrazas, en el mercadillo, en el bar…

7) Senderismo y cicloturismo para todos los gustos.

8) El turismo: Cáceres, Mérida, Alcántara, Alburquerque, Marvao, Lácara, Amaia, Trujillo, Badajoz, Guadalupe, Plasencia, Medellín, Jerez, dólmenes de Valencia de Alcántara… mil tesoros más a un paso.

9) Medioambiente: kilómetros y kilómetros de la naturaleza más virginal, biodiversidad y animales en estado salvaje, berreas, paso de palomas, valles con encanto (Jerte, La Vera, Ambroz, Xalima), grandes embalses...

10) Turismo de salud: Balnearios de Alange, Brozas, Baños, Hervás, Trampal…

11) Fiestas, tradiciones y artesanía.

Y todos aquellos recursos locales que puedan sumarse con tal de servir de acicate para atraer a ese vecino potencial que ahora vive fuera.

Sé que esto ni es nuevo ni soy el primero en sugerirlo, pero se me antoja que, tras todo este escaparate de atractivos y recursos naturales (que no está de más exponer y recordar), también se podría poner en marcha un movimiento asociativo de tipo cooperativo en el que gente como esos potenciales vecinos pensionistas (y cualquier otro inversor) podrían aunar esfuerzos para construir su vivienda nueva o reparar viviendas ya construidas. Aparte del consecuente aporte de puestos de trabajo en la construcción, se rejuvenecería el censo de edificios del pueblo y se aprovecharían las ayudas oficiales que para ello existen. Recordemos que, entre las múltiples ventajas del sistema cooperativo, estaría el abaratamiento de coste de redacción de proyectos, de licencias de obras, precios en los materiales y otros que cualquier profesional nos puede enseñar.

Primero hay que conseguir hacer el tema lo suficientemente convincente y atractivo, y después hacerlo interesante y rentable. En fin, una idea más que pueda contribuir a la solución del grave problema de despoblación que tanto nos preocupa.

Todo dependerá de la decidida voluntad y tesón que en ello pongan las autoridades locales y que la administración provincial y autonómica potencie también con determinación aportando medios y programas.

O se toman medidas o nos quedamos sin gente.

 

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