Descentrados

Si los tres partidos más votados pensaran fundamentalmente en España y no en lo que resulta más ventajoso para ellos y las ambiciones personales de sus dirigentes, deberían sentarse a una mesa y alcanzar acuerdos mínimos en lo que se refiere a los grandes desafíos que afronta nuestro país

LUCIANO LÓPEZ NIETOFILÓLOGO Y ESCRITOR

La actualidad política española viene marcada por dos hechos innegables, siendo el primero que el PSOE ha ganado con claridad las dos últimas convocatorias electorales, y el segundo que los españoles hemos decidido, en la mayor parte de los casos, que los partidos tienen que gobernar mediante acuerdos y coaliciones. Si partimos del antiguo refrán: «en el centro está la virtud», hemos de reconocer que nuestros políticos se encuentran bastante descentrados y se muestran extraordinariamente poco virtuosos, ya que en los últimos tiempos casi todos ellos parecen haber abandonado la moderación, el equilibrio y la racionalidad en beneficio del insulto generalizado, las etiquetas trasnochadas y las descalificaciones sectarias, lo que inevitablemente implica mucho ruido, bastante postureo y ninguna claridad conceptual.

Pasados los comicios, la cruda realidad de los recuentos de votos tiene que poner a cada cual en su sitio, una vez finiquitado el tiempo de las peleas de gallos. Las cifras desnudas revelan que el Partido Socialista ha desbancado al PP como minoría mayoritaria; que el partido de Casado se ha librado en el último momento del desastre total por los resultados de Madrid ciudad y comunidad; que Ciudadanos no ha sobrepasado al PP ni ha repetido en comunidades ni municipios los resultados del Congreso; que los/las de Podemos Unidos/as ni pueden ni están unidos/as, se encuentran más bien hundidos/as; que los de Vox han perdido mucha voz y ya apenas cacarean; y que los nacionalistas vascos moderados superan a los cerriles, mientras que los catalanes continúan perdidos entre los delirios nacionalistas, los referendistas, los ambiguos y los constitucionalistas.

A partir de la situación expuesta, si los tres partidos más votados pensaran fundamentalmente en España, y no en lo que resulta más ventajoso para ellos y las ambiciones personales de sus dirigentes, deberían sentarse a una mesa y alcanzar acuerdos mínimos en lo que se refiere a los grandes desafíos que afronta nuestro país, a saber, el desafío independentista, la emigración ilegal, la reforma de las pensiones, la lucha antiterrorista, las energías limpias y la lucha contra la contaminación, la reforma de la Constitución del 78.

Pensarán ustedes que planteo algo imposible, inalcanzable, utópico... y no les falta razón, España no es Alemania, allí sí que se unieron los dos grandes partidos para gobernar la crisis, dejando a un lado sus intereses partidarios.

La alternativa más lógica a esa solución idílica coincide con lo que Ribera y Sánchez no han dejado de descartar durante estas dos convocatorias electorales, a saber, un pacto de gobierno entre PSOE y Ciudadanos. El teatrillo de las líneas rojas por un lado y el trifachito por otro tendría necesariamente que cesar, con el fin de regresar a las conversaciones entre ambos partidos que terminaron en un acuerdo de investidura torpedeado posteriormente por Podemos.

Si pudieron alcanzar entonces un acuerdo, por qué no iban a poder ahora. Obviamente, tendrían que hacer borrón y cuenta nueva de los últimos agravios y mirar hacia adelante, comportarse como verdaderos hombres de Estado, ellos y los equipos que los sostienen y aconsejan. Las ventajas para la mayoría de los ciudadanos serían múltiples, pero también para los partidos: tendríamos estabilidad institucional durante cuatro años, Ciudadanos se libraría de las ataduras de Vox, mientras que los socialistas se harían fuertes frente a los secesionistas y podrían prescindir de las exigencias de Podemos, amén de que tampoco precisarían comprar los votos vascos.

De igual manera, Ciudadanos podría demostrar en múltiples gobiernos su valía como gestores más capaces, según su opinión, y controlar al mismo tiempo que los socialistas no desbarren en el tema catalán. Por otro lado, el PP quedaría dueño de la oposición como alternativa de centro derecha a la alianza centro izquierda/centro, mientras que se va reestructurando con tranquilidad tras el bandazo a la derecha.

Esta lógica política resultaría perfectamente natural más allá de los enfrentamientos personales. Tendríamos un gobierno sólido con un PSOE alejado de las veleidades izquierdistas que sobrepasan la socialdemocracia, y que acaban de arruinar al Partido Laborista en el Reino Unido, a manos del insensato J. Corbyn; Ciudadanos volvería al centro, que debe ser su espacio natural; Casado dispondría de tiempo para reorganizar su partido en la oposición; los populismos de izquierda, Podemos, de derechas, Vox, y nacionalistas como Puigdemont, quedarían fuera de juego y todos viviríamos mucho más tranquilos en este país de todos, en el que todos cabemos y donde todos debemos ser tratados de igual forma, disfrutando de los mismos derechos y obligaciones. Y quién sabe, con el tiempo y una Vara, a lo mejor hasta podríamos un día conseguir un tren digno para Extremadura, si conseguimos que nos presten más «atrención».