La corrupción como supervivencia

Como decía Ortega, cada día me interesa menos ser juez de las cosas y voy prefiriendo ser su amante, así que prefiero creer que la corruptela solo es un meme acompañante de una superestructura, los partidos, en los que los genes egoístas han encontrado su forma ideal de sobrevivir

FELIPE SÁNCHEZ HUETEMédico y escritor

Hay una bellísima página en el libro de Ishiguro 'Los restos del día'. Es un diálogo entre el señor Stevens y la señora Benton sobre si las cosas podrían haber sido de otra manera: «…Después de todo, no se puede retroceder en el tiempo. No se puede estar siempre pensando en lo que habría podido ser…». Esto también pasa en política, pero no haré uso de la ucronía, sobre lo que hubiera sucedido si la moción de censura…

Sin ser comentarista político ni estar en el meollo, tengo la ventaja de la perspectiva. El martillo pilón que llevó al PP al poder no fue tanto el Gal como la corrupción en tantas y tan variadas facetas de un partido que lo tuvo todo. Quizás nos olvidamos del aforismo de Lord Acton con demasiada facilidad. Lo que muchos, cándidos, ilusos o cegatos, no sabíamos es que la corrupción no es algo inherente a una ideología tanto como al ejercicio del poder.

Desde el momento que el PP lo alcanzó, la corrupción empezó a corroer sus entrañas, de lo que deduzco que, si algo debemos exigir a los políticos, no es honestidad, que también. Nadie puede saber cómo reaccionará quien tiene a su lado en cuanto se le presenten ciertas oportunidades, de lo que se trataría entonces es de que nos rodeáramos de mecanismos que pudieran evitarlo. A fin de cuentas, como alguien que no recuerdo apuntó, la verdadera clave de la honestidad de una clase dirigente no está en la moralidad de las personas –que eso es una cuestión de estadística– sino en la eficacia de las normas, ya que la debilidad o la ausencia de los controles es lo que lleva al protagonismo de los jueces.

Lo que es imperdonable es que los políticos, las fundaciones, 'think tanks' y tantas doctas instituciones no profundicen en despojar o reducir al mínimo las oportunidades de corrupción de las decisiones políticas. Por ejemplo, decisiones sobre suelo, sobre fundaciones como modo de esquivar el control de su financiación o del acceso a trabajar en ellas, la formación como forma, no ya de nacimiento sino desde el instante de su concepción, de repartir mamandurrias –por qué sindicatos de dudosa y mínima afiliación tienen que decidir en la formación ¿no es invitarles a lo que no se debe? ¿Es necesario o mal menor comprar así paz social? ¿No hay otra manera de formar en la que no circule dinero? –. Quiero pensar que confiaríamos más en la política, en los partidos y en los políticos si estos de motu propio abdicaran de las esferas de decisión en las que pueden mangonear.

Prefiero que se descubra y castigue a un funcionario que prevarica o roba, lo que sólo reforzaría nuestra confianza en las instituciones, a que presenciemos el espectáculo de que lo haga un político. A lo mejor aceptamos esto más de lo que debemos porque en el fondo intuimos que nuestros representantes sólo actúan como nosotros lo haríamos de estar en su lugar. Quizás sólo sea instinto de supervivencia, nunca dejará de sorprenderme nuestro maravilloso poder de acomodación.

La pachorra con la que la evolución se había tomado las cosas, tanta o más que de la que se acusa a Rajoy, se ha visto desbordada por la velocidad a la que estas suceden.

Me fascinó leer a Dawkins y su gen egoísta. Seríamos para él sólo máquinas de supervivencia. Más fascinante sería aún su teoría de los memes por la que los rasgos culturales también se replicarían y la cultura no sería tanto un conjunto de formas conductuales, sino la información que las especifica. Los memes responsables de la transmisión cultural estarían sujetos a las mismas reglas básicas de la evolución, incluido el egoísmo.

Siete millones de años nos han llevado hasta aquí quemando etapas, pero ya hay quien asegura que hemos dejado de evolucionar, al menos como hasta ahora porque, por ejemplo, la medicina ha logrado que sobrevivan personas que de otra forma habrían muerto, alterando la selección natural, o porque la movilidad global evita derivas genéticas ya que la evolución saltaba cuando miembros genéticamente similares procreaban entre sí, cosa que esta movilidad impide.

¿Avanzaremos por encargo? La genética, con el miedo que da decirlo, va por esos derroteros.

Jacques Monod también apuntaba, azar y necesidad, que las ideas han conservado algunas de las propiedades de los organismos.

Como decía Ortega, cada día me interesa menos ser juez de las cosas y voy prefiriendo ser su amante, así que prefiero creer que la corrupción sólo es un meme acompañante de una superestructura, los partidos, en los que los genes egoístas han encontrado su forma ideal de sobrevivir.