Contestación sin fronteras

La Francia de los 'chalecos amarillos', que ha agudizado el desgaste de Macron, es el espejo en el que España debiera mirarse

El Gobierno de Emmanuel Macron ha acabado por renunciar a un aumento de la fiscalidad que encarecería los combustibles ante la persistente protesta de los 'chalecos amarillos'. Una medida que parecía crucial resulta, de pronto, prescindible para «no poner en peligro la unidad de la nación», en palabras del primer ministro, Edouard Philippe. Francia presenta características que permiten extraer conclusiones respecto a los cambios sociales y políticos que atraviesan Europa. La V República realza el papel de las instituciones al consagrarse mediante un sistema mayoritario que concede a la presidencia un poder superior al que reúne en cualquier otro país democrático. Además, la sociedad francesa es proclive a movilizarse hasta desafiar a ese poder omnímodo en sus decisiones sin cuestionar necesariamente su institucionalidad. Los 'chalecos amarillos' se han enfrentado a la aplicación de una tasa ecológica sobre los carburantes, envolviendo la revuelta con la protesta por la pérdida de poder adquisitivo. El activismo de la movilización, que ha dado lugar a episodios de vandalismo y violencia, ha servido de trasfondo para que todos los adversarios políticos de Macron se hayan cebado en la soledad de su soberbia presidencial. Ningún presidente de Francia había llegado tan alto por sí solo ni se había desplomado en popularidad en tan pocos meses. La rectificación gubernamental no ha logrado atajar la crisis. Todo lo contrario, amenaza con alentar una infinidad de asedios al mandato de Macron. Cercos de sus adversarios políticos directos, distanciamientos ventajistas de muchos que se sumaron a su fulgurante ascenso, revanchas de responsables que se han visto ninguneados por el Elíseo... Y, junto a ello, la constatación de que la Francia sindical, la del Estado que más empleo público ofrece en Europa, está desbordada por un movimiento ideológicamente indefinible según los parámetros tradicionales. Francia seguirá siendo única. Pero lo ocurrido estas últimas semanas es el espejo en el que podría mirarse España con sus más recientes incertidumbres. La atomización de los intereses y aspiraciones sociales impide un contrato duradero. Cualquier 'parte' reivindicativa parece en condiciones de representar el 'todo' de la contestación social. La división partidaria y la propia incompatibilidad de egos entre los dirigentes hacen imposible que el Estado liberal responda con un mínimo de cohesión y coherencia institucional a los nuevos desafíos. Vox es la sombra que nos proyecta el Frente Nacional de Le Pen, que se ha solazado con los 'chalecos amarillos'.

 

Fotos

Vídeos