Las ciudades en el Día Mundial del Urbanismo

Es necesario desarrollar una estrategia que incida en sus valores, subsane sus carencias e incorporelas nuevas tecnologías que ayuden a mejorarcada uno de los aspectos de la vida urbana

MANUEL HERREROSecretario del Colegio de Arquitectos de Extremadura

Asistimos desde hace tiempo a un creciente proceso de concentración de la población en las ciudades. La ONU prevé que en 2050 el 80% de la población mundial estará concentrada en áreas urbanas, lo que ya ocurre en España. De hecho, recientemente la población urbana mundial superó a la rural.

Este proceso tiene innumerables beneficios económicos y sociales (el 20% del PIB mundial lo generan las 10 ciudades más importantes del planeta), pero el crecimiento descontrolado ha supuesto importantes carencias relacionadas con las infraestructuras, la cohesión social y el medio ambiente.

Las ciudades se han convertido en el enemigo número uno del cambio climático. De esta forma, a pesar de que ocupan sólo el 1% de la superficie terrestre, consumen el 75% de la energía mundial y son responsables del 80% de las emisiones de CO2.

Además de todo esto, los desastres naturales, los conflictos bélicos y la falta de recursos están dando lugar a desplazamientos de la población que están produciendo importantes tensiones sociales, económicas y políticas en los territorios de acogida.

Por otra parte, estamos ante una sociedad cada vez más compleja e impredecible, una sociedad hiperconectada en la que sus integrantes se mueven, real o virtualmente, de forma permanente, cambiando rápidamente de estatus, de actividad, incluso de personalidad, con el uso intensivo de las nuevas tecnologías. Esto ha hecho que la seguridad que nos proporcionaba la planificación urbanística a largo plazo, haya sido sustituida por la incertidumbre generada por la imposibilidad de predecir el futuro. El mayor riesgo al que nos vamos a enfrentar, posiblemente sea, como apuntó el historiador Yuval Harari, que «por primera vez en la historia, la sociedad no sabe cómo va a ser el mundo en los próximos 25 años».

Se acabaron las certezas y al urbanismo le toca ahora «gestionar las incertidumbres».

Estamos, por tanto, ante un escenario que plantea retos de dimensiones considerables. Organizar las ciudades del siglo XXI constituye un desafío extraordinario. Pero como solía apuntar el arquitecto y alcalde de Curitiba, Jaime Lerner, «la ciudad no es el problema, la ciudad es la solución».

Todo ello se podría hacer extensivo al territorio, entendido como un todo con la ciudad, que aporta y recibe de ella, con una inmediatez que contribuye decisivamente a la sostenibilidad y la resiliencia de ambos.

Resiliencia ante lo imprevisto. Ante las catástrofes acentuadas por el cambio climático, ante los movimientos de masas, ante las crisis económicas y sociales sobrevenidas. Resiliencia como capacidad de adaptación a los cambios y a las circunstancias imprevistas, para la que será necesario incidir en todos aquellos valores que nos han hecho progresar como civilización: cohesión social, espacio público compartido, transparencia, participación, sostenibilidad, inclusión. Destinados a la mejora de la calidad de vida de los habitantes de la ciudad y, en la misma medida, con las mismas posibilidades de conectividad, acceso a la información y oportunidades, a los del territorio.

Para ello, superada la herencia de la ciudad fragmentada que nos dejó la Carta de Atenas, recurrimos al modelo de ciudad mediterránea, que se ha convertido actualmente en referencia de éxito en todo el mundo y en el que nuestras ciudades tiene avanzado un largo camino. Como recoge la Agenda Urbana Española, es un modelo de ciudad «compacta, densa, compleja, de tamaño medio, con mezcla de usos, que dispone de espacios urbanos seguros y de relación, que protagonizan la vida en sociedad y que fomentan la diversidad social».

Uno de los grandes activos del patrimonio español son sus ciudades, pero es necesario desarrollar una estrategia que incida en sus valores, subsane sus carencias e incorpore las nuevas tecnologías que ayuden a mejorar cada uno de los aspectos de la vida urbana.

Aspectos como movilidad, medio ambiente, accesibilidad, metabolismo urbano, participación ciudadana, acceso a la vivienda, habitabilidad y, en lugar predominante, la recuperación del espacio urbano para el ciudadano. Es necesario acometer la «conquista del espacio público», como espacio de encuentro, de relación, soporte de la diversidad, capaz de generar la complejidad necesaria para la creación, para la inclusión, para la atracción de talento.

Nuevas tecnologías que ayuden al ciudadano, faciliten el uso y la gestión de la ciudad y contribuyan a la fijación de la población en el territorio. Es necesario incorporarse al paradigma de la 'smart city', pero entendida no sólo como la inteligencia de la ciudad sino como la inteligencia colectiva de sus habitantes. En el caso particular extremeño con especial incidencia en el concepto de «territorios inteligentes».

Finalmente, no es preciso incidir en los graves problemas que condujeron a una situación de crisis de valores y pérdida de crédito del urbanismo en España. El brutal proceso especulativo inmobiliario- financiero desembocó en una crisis económica y social de tal magnitud que terminó de raíz con él mismo.

Es evidente que los objetivos de regeneración urbana, de actuar en la ciudad construida, derecho a la vivienda digna para todos, función social de la propiedad del suelo, transparencia en la gestión y en la gobernanza, hábitat urbano de calidad ... etc, están plenamente vigentes.

Pero hoy día, un nuevo urbanismo responsable debería abordar, además, otros conceptos en línea con las Agendas Urbanas internacionales, tales como: resiliencia, cambio climático, movimientos migratorios, inclusión social, accesibilidad, género, seguridad, economía circular, big data, análisis predictivo, smart cities, planeamiento participativo, despoblación, salud, vulnerabilidad, baukultur (cultura del habitar) ...

Un modelo urbano y territorial, en definitiva, que nos implique de manera integral en el logro de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas: construir asentamientos humanos inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.

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