Celebrar la concordia

La Constitución fue y continúa siendo homologable al marco jurídico vigente en los demás países de nuestro entorno

La celebración del 40 aniversario de la Constitución mereció el encuentro solemne de los poderes del Estado, reunidos en el Congreso para representar la unidad y la convivencia. La presencia de Felipe VI junto a su padre, don Juan Carlos, y de los cinco presidentes de Gobierno que han pilotado la democracia desde 1982 realzó la importancia de la Carta Magna en la recuperación y consolidación de la democracia y de las libertades tanto individuales como colectivas. Un éxito que ni sus críticos más acérrimos pueden cuestionar si actúan con un mínimo de sinceridad. El jefe del Estado homenajeó en su discurso la tarea de los llamados 'padres' de la Constitución al transformar las dificultades iniciales en consenso. Pero junto al acto institucional, protagonizado por los integrantes de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, los ciudadanos fueron partícipes de una jornada festiva. Felipe VI advirtió de que «la España de hoy es muy diferente a la de aquel 6 de diciembre de 1978». Hace cuarenta años los españoles albergaban muy serias dudas sobre el afianzamiento de la democracia y el futuro en concordia, hasta que nuestro país pasó a formar parte de la Europa comunitaria. El progreso y el bienestar se hicieron realidad gracias al diálogo social y la descentralización del Estado, hasta procurar la igualdad de oportunidades. Cuatro décadas después son muchas las voces que abogan por reformar la Constitución. Aunque pueda resultar conveniente actualizarla, en modo alguno cabe devaluar su contenido. De hecho, basta con la lectura pormenorizada de la Carta Magna para comprender la relevancia que tuvo el texto consensuado. La Constitución española fue y continúa siendo homologable al marco jurídico vigente en los demás países de nuestro entorno. Los principios y los valores que recoge ofrecen solidez y eficacia para el desarrollo de un sistema basado en la ley. Ayer, mientras los reunidos en el Congreso celebraban solemnemente su aniversario, los ciudadanos que tuvieron el derecho de participar en el referéndum de 1978 recordaron aquella puerta abierta a la esperanza que hoy es un legado común a todos. Como dijo el Rey, «esos españoles nos dieron el mejor ejemplo de humanidad y de fraternidad», «una voluntad de resolver los conflictos y las discrepancias a través del diálogo, respetando las leyes y los derechos de los demás sin imposiciones ni exclusiones».

 

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