Alcaldías del pluralismo

La jornada concedió a Casado la oportunidad de situar al PP como referencia alternativa a la mayoría que Sánchez entreteja para su investidura

La constitución ayer de los ayuntamientos surgidos del 26-M dio paso a la elección de alcaldes, que en muy contados casos accedieron al cargo por mayoría absoluta o por encabezar la lista más votada. La atomización partidaria ha obligado a acuerdos municipales, del mismo modo que exigirá pactos de gobernabilidad en las autonomías y en el propio Congreso de los Diputados. Aunque resultó llamativo que los compromisos en torno a las alcaldías no fueron acompañados de la exposición pública de programas compartidos, ni siquiera del correspondiente esquema de distribución de responsabilidades en el gobierno municipal. Como si las tres semanas transcurridas desde los comicios locales solo hubieran dado tiempo a alcanzar, en el último momento, acuerdos verbales a precisar en su contenido y en su desarrollo a partir de hoy. Las alianzas locales no depararon ayer excesivas sorpresas respecto al alineamiento preelectoral de las distintas formaciones. El entendimiento del centro-derecha, encabezado por el PP, con Ciudadanos como socio de gobierno, y Vox a la espera de formar parte de las áreas de responsabilidad corporativa, logró atenuar la victoria obtenida por el socialismo de Pedro Sánchez en las elecciones generales. Mientras que el PSOE no consiguió mejorar ese punto de partida; ni en los comicios locales ni a la hora de los pactos de alcaldía. En términos generales, la jornada de ayer supuso un ajuste del éxito electoral socialista, concediendo a Pablo Casado la oportunidad de situar al PP en el papel protagonista de la dialéctica gobierno-oposición respecto a Pedro Sánchez, como referencia alternativa a éste y a la mayoría que entreteja en torno a su investidura. La alcaldía de José Luis Martínez-Almeida, en vísperas de que Isabel Díaz Ayuso se haga con la presidencia de la Comunidad de Madrid, se convierte en el contrapunto principal a la investidura del hoy presidente en funciones. La naturaleza autonómica y descentralizada del Estado constitucional obliga a las distintas instituciones a administrar conjuntamente el país desde la diversidad que representan los partidos y coaliciones que las gobiernen. La conformación de mayorías de signo distinto para la gestión de las competencias centrales del Estado y para las locales o las autonómicas resulta no solo consustancial a una democracia pluralista, sino enriquecedora y positiva para el país en su conjunto. También para una alternancia cabal en el gobierno de esas mismas instituciones.

EVITAR LO PEOR. La continuidad de Ada Colau en la alcaldía de Barcelona, en coalición con el PSC y gracias a la iniciativa de Manuel Valls, constituye ese mínimo contrapeso que el dominio independentista sobre las instituciones de la Generalitat requería para que no todo en la política catalana acabase desbordando los cauces de la normalidad a través del anuncio permanente de una secesión auspiciada por los poderes de la autonomía y del régimen local. Pero lo que ayer se representó como una respuesta 'in extremis' al independentismo ha de cuajar en un programa de acción política solvente en su eficacia, capaz de ampliar las bases sociales de partida, hasta consagrarse como una alternativa al rupturismo que anida en gran parte de las instancias públicas de Cataluña. El independentismo no tiene razón alguna para sentirse agraviado ante la alianza que mantuvo ayer a Colau en la alcaldía de la segunda ciudad de España, cuando la mayoría de los barceloneses optaron con su voto por candidaturas contrarias a la secesión.