La vía de los alcaldes

Socialistas y posconvergentes mantenemos profundas e históricas discrepancias ideológicas acrecentadas por el 'procés', pero hemos sabido alcanzar un acuerdo en Barcelona

NURIA MARÍNPresidenta de la Diputación de Barcelona

Más de un centenar de periodistas cubrieron hace unos días el pleno en el que un acuerdo entre los socialistas y los posconvergentes de Junts per Catalunya permitió que fuera elegida presidenta de la Diputación de Barcelona, una institución no habituada a este tipo de expectación mediática, sino a mantener un papel discreto al no estar situada en la primera línea de la acción política. Esa expectación fue en el fondo un síntoma más de los malos tiempos por los que atraviesa la política en general en este país. El acuerdo, el pacto, la esencia de la política, se ha convertido en algo extraordinario, cuando debiera ser lo normal.

Una especie de amnesia parece haberse apoderado de la política. La noble acción de pactar ya no rige la lógica de los partidos y sus dirigentes. El acuerdo de gobierno en la Diputación de Barcelona ha roto esa dinámica y recuerda que en democracia son tan importantes los resultados electorales como la gestión posterior de alianzas para ampliar la mayoría social que permita un gobierno eficaz y estable.

Para pactar es imprescindible que las partes muestren voluntad de renuncia, con el fin de converger en aquello que nos une y prescindir de lo que nos separa. Eso es lo que hemos hecho en la Diputación de Barcelona. Socialistas y posconvergentes mantenemos profundas e históricas discrepancias ideológicas que se han acrecentado en los últimos años con el proceso independentista. Sin embargo, hemos sabido llegar a un acuerdo recuperando así lo natural en política. Y no ha sido difícil porque ha habido voluntad de encontrar un común denominador en el municipalismo.

El objetivo de la Diputación de Barcelona es prestar apoyo a los ayuntamientos de su demarcación provincial para que puedan ofrecer servicios a los ciudadanos y ciudadanas que por sí solos no podrían por falta de estructura y recursos. La institución promueve la cooperación intermunicipal, aplicando la fórmula dos más dos igual a cinco, o dicho de otra manera: cuando los ayuntamientos trabajan juntos, el todo resultante es siempre mayor que la suma de las partes. Se le ocurrió, cómo no, a un gran alcalde norteamericano, Henry Cisneros.

Una de las claves para el acuerdo con Junts per Catalunya ha sido asumir que el municipalismo es nuestro lenguaje común. Trabajar para dotar a los ayuntamientos de servicios y equipamientos para sus municipios está por encima de diferencias y disputas partidistas. Se sobreentiende que es un objetivo común, en una institución cuyo pleno está formado por alcaldes y alcaldesas, concejales y concejalas que conocen perfectamente cuál es el catálogo de servicios de la Diputación porque lo han verificado más de una vez en sus propios municipios.

Condición indispensable para gestionar acuerdos es también la recuperación de la capacidad de diálogo. No hay política sin diálogo. En Catalunya lo hemos podido comprobar en los últimos años. Sin diálogo no hay negociación, que es el camino hacia el acuerdo. El abandono de la vía política lleva al bloqueo del diálogo entre partidos e instituciones, y eso solo va en contra de la ciudadanía. Es responsabilidad de los dirigentes políticos evitarlo. De nada sirve escudarnos en las mayorías absolutas. Al contrario, es precisamente cuando se gobierna desde una gran mayoría que más se aprecia la voluntad de pactar y la grandeza del gobernante.

Hace unas semanas, cuando fui investida de nuevo alcaldesa de L'Hospitalet, llamé a todos los grupos políticos presentes en el pleno a salvaguardar el diálogo y la convivencia. Lo mismo hice en la toma de posesión como presidenta de la Diputación de Barcelona. Como alcaldesa he sido capaz de llegar a acuerdos primero con el PP en el Gobierno del Estado, más tarde con el PSOE, y también con los independentistas en la Generalitat de Catalunya, siempre en beneficio de mis vecinos y vecinas. Y mi compromiso es seguir en esta línea, tanto en mi rol de alcaldesa como de presidenta provincial.

Una de mis aspiraciones como presidenta de la Diputación es que el acuerdo con Junts per Catalunya abra de nuevo el camino del pacto, del diálogo y la conciliación. El 'procés' nunca debía haber llegado a los tribunales. Llegó porque se abandonó la vía política por ambas partes. En las conversaciones que mantuve en el tenso otoño del 2017 con Mariano Rajoy y Carles Puigdemont para tratar de evitar la declaración de independencia y la aplicación del artículo 155 siempre les preguntaba si habían hablado por teléfono. La respuesta de ambos era invariablemente la misma: no. El final de la historia ya lo conocemos sobradamente.

Es hora de revertir la situación de bloqueo en Catalunya. Solo con la política resolveremos el problema político. Y eso significa retomar un diálogo que jamás debimos haber abandonado. El municipalismo, a través del acuerdo en la Diputación de Barcelona, ha dado un primer gran paso. Los alcaldes y alcaldesas gestionamos el acuerdo a diario en nuestras ciudades y pueblos porque nos debemos a los ciudadanos y ciudadanas que nos eligieron para atender sus problemas, cuidar de su calidad de vida y recogerles la basura. Y eso no entiende de ideologías, sencillamente pone en valor lo que nos une por encima de lo que nos separa.