Abocados a votar de nuevo

Sánchez falsea la realidad cuando reclama que el resto del arco parlamentario renuncie al «bloqueo»

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no tenían ayer otro remedio que exponer sus respectivas posiciones en cuanto a la gobernabilidad del país en el pleno del Congreso. Ambos parecen necesitar el foro parlamentario para conversar entre ellos. Su último encuentro cara a cara fue el debate de la fallida investidura de julio. El presidente en funciones y el líder de Unidas Podemos se limitaron a exponer ayer sus argumentos de desacuerdo. La negativa a un Gobierno de coalición frente a la vindicación de un Consejo de Ministros compartido. El anuncio de que Iglesias llamará a Sánchez para concertar una entrevista que desbloquee el diálogo entre sus formaciones y la negativa del dirigente socialista a mantener tal reunión constatan la más que probable repetición de las elecciones el 10 de noviembre. Las apelaciones a celebrar ese encuentro para superar diferencias, salvar el honor de las izquierdas y evitar una nueva cita en las urnas sugieren que el problema se limita a su desconfianza mutua. Seguro que ésta existe cuando llevan tres años largos sin entenderse, exceptuando el acuerdo presupuestario para 2019, de cuya materialización Unidas Podemos se muestra muy en desacuerdo. Pero es una frivolidad concluir que todo se reduce a una falta de empatía entre ambos líderes y un error presumir que no hay diferencias políticas y programáticas insalvables entre el PSOE de Sánchez y el Unidas Podemos de Iglesias. Tanto los desafíos globales –transición ecológica, relaciones laborales, inmigración o pobreza– como los retos que afectan a la convivencia territorial encuentran respuestas muy dispares por parte de ambas fuerzas políticas. A ello se suman las incertidumbres que se presentan entre el tramo final del presente año y todo 2020: la sombra de una recesión que por anunciada no pierde gravedad, las consecuencias del 'brexit', los efectos en espiral de la quiebra en el libre comercio y –en un plano doméstico– los imponderables que el independentismo catalán introduzca en escena. Sánchez falsea la realidad cuando reclama que el resto del arco parlamentario renuncie al «bloqueo». Porque la situación merecería considerarse como tal si pudiera abrirse paso un acuerdo de fondo que los grupos parlamentarios soslayaran para realzar sus intereses partidarios. Pero lo que ocurre es que Sánchez insiste en vindicarse como único presidente posible sin procurar la negociación requerida para contar, siquiera, con la investidura en segunda votación. Solo cabe esperar que ni Iglesias ni Sánchez acaben comprometiendo al Rey en la inevitable consulta a la que éste ha de proceder la próxima semana.