La alternativa federal del PSOE

LUCIANO PÉREZ DE ACEVEDO Y AMO

HABLAR de Estado Federal en el terreno de la ciencia política es aludir a un modelo de Estado solamente definido por unas características muy básicas comunes a los modelos federales que existen en el mundo, v.g., Estados Unidos, Alemania, Suiza, etcétera, pues en realidad más que hablar de un modelo de Estado Federal sería preciso referirse a los diferentes sistemas federales que existen, con bastantes diferencias entre sí.

En puridad de doctrina clásica, siempre se entendió que 'la Confederación' precede a la 'Federación' en el orden de los hechos, así como una y otra preceden a la 'Nacionalidad' (los Estados Nacionales Unitarios) y no se explican después de constituida ésta; es decir, Confederación y Federación son los pasos intermedios que van dando un grupo de Estados independientes que pretenden finalmente unirse en un Estado unitario, de tal suerte que si la federación (del latín 'foedus-foederi' unir) es un paso para integrarse, implica un retroceso cuando se intenta volver atrás en la historia para deshacer la nacionalidad ya formada. Y así, federándose Estados independientes, nacieron los Estados Unidos en 1787, Suiza en 1848 y Alemania en 1871.

Esta visión clásica del federalismo como paso intermedio para forjar una unidad final, debemos hoy matizarla en el sentido de que el sistema federal puede ser también un buen instrumento para descentralizar política y administrativamente antiguos Estados unitarios fuertemente centralizados, como fue el caso de España, aunque la clásica función integradora del federalismo continúa en mi criterio vigente, pudiendo el futuro depararnos el gran ejemplo de una Unión Europea convertida en un Estado Federal que integre a los actuales Estados nacionales europeos independientes.

Pero el hecho cierto es que ya España, en su Constitución de 1978, optó por un modelo de autonomía política y descentralización -el llamado Estado de las Autonomías- muy similar a una solución federal; es más, pienso que España es uno de los modelos de Estados Federales que existen en el mundo, aunque se llame de otra forma, y así lo ha manifestado el gran gurú del federalismo, el exministro canadiense Stephan Dión, autor de la 'Política de la Claridad', en una conferencia que pronunció en Barcelona durante el pasado mes de marzo, invitado por la Universidad y el Partido Socialista de Cataluña. Dijo también muchas otras cosas interesantes, sobre algunas de las cuales volveremos.

Y esto es así porque el Estado Federal es una unión de Estados en torno a una soberanía común a todos ellos, es decir, los Estados que se unen de esta manera pierden sus soberanías respectivas, dejando de ser verdaderos Estados para convertirse en territorios (llámense Estados, Lander, Cantones, o de la forma que quieran) del nuevo Estado Federal, que pasa a ser el único soberano. Se ha creado un poder central, junto con una serie de poderes locales que actúan en sus esferas territoriales respectivas, con una Constitución común que establece los poderes y competencias de la Federación y de los Estados miembros; pero la Constitución Federal no distribuye la soberanía entre estos y aquella, porque la soberanía es indivisible y todas las atribuciones de soberanía corresponden, pues, al Estado Federal.

Al margen de utilizar una terminología diferente, todas estas notas características del Estado Federal están presentes en nuestro Estado de las Autonomías, incluso con poderes y competencias, por parte de éstas, muy superiores a muchos Estados llamados federales.

No ha sido muy explícito el señor Rubalcaba, ni siquiera el P.S.C. -hoy con graves problemas de fractura- a la hora de explicar a los españoles en qué consiste su propuesta de Estado Federal para resolver nuestros problemas de convivencia. Parece que se pronuncia por un «federalismo asimétrico» para «encajar a Cataluña dentro de España», una 'rara avis' dentro del federalismo, sistema normalmente simétrico o igualitario (el café para todos). Sobre este particular avisó Stephan Dión en su conferencia, con gran disgusto del P.S.C.: «el federalismo asimétrico puede comportar riesgos, ya que la estrategia de contentar a unas regiones puede llegar a banalizar la ruptura, provocar celos entre los territorios, crear confusión entre los ciudadanos o inducir a los líderes secesionistas la obligación de defender su proyecto» (sic). «Muchos expertos consideran a España una Federación sin el nombre de Federación». (sic).

Pues bien, si la implantación de un Estado Federal en España no aportaría novedades sustanciales en relación con el Estado de las Autonomías, un federalismo asimétrico, reconociendo la singularidad de Cataluña, País Vasco y Galicia -por ejemplo-, plantearía una grave dificultad a la hora de establecer las diferencias en cuanto a las atribuciones o poderes que pueden reconocerse a aquellos territorios y que no correspondan a los demás, pues teniendo en cuenta el nivel de autogobierno máximo a que han llegado las Comunidades autónomas españolas, queda muy poco margen para explorar, si es que queremos que el Estado Central mantenga un papel relevante en aquellos territorios.

Por otra parte, la asimetría, sin duda, desencadenaría las aspiraciones de igualación, con respecto a cualquier solución que se adopte, por parte del resto de las Comunidades Autónomas. Reconocer «hechos diferenciales» en la propia Constitución hubiera sido sencillo en 1978, pero no ahora. Romper ahora la igualdad existente no es una opción política fácilmente realizable, sino todo lo contrario. Gastaría España excesivas energías en un asunto de resultado incierto. Y en cuanto al tema de Cataluña, dijo Stephan Dión en su conferencia: «Un referéndum de autodeterminación comporta serios riesgos y un traumatismo social muy grave, porque no solo separaría a Cataluña de España, sino también a los mismos catalanes, pues mientras unos querrían quitar a otros su sueño, otros querrían quitar a uno su conciudadanía, lo que significaría elegir entre qué ciudadanos se quiere conservar y a cuales se quieren convertir en extranjeros. En unas elecciones ordinarias si te equivocas puedes volver a votar en cuatro años, mientras que en un referéndum las consecuencias son irreversibles. La democracia es la fórmula de juntar a la gente que piensa diferente y habla diferente».

Creo que en 1978 una solución que hubiera contemplado un federalismo asimétrico hubiera sido mucho más acertada que el «café para todos», pero habremos de convenir que ya es tarde para volver a dicha solución.