Hay vida después del mercado

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Los comercios que se trasladaron a las calles de Mérida funcionan bien, aunque los propietarios añoran el ambiente de la plaza de abastos

BEATRIZ BRAVO

MÉRIDA. El cierre del Mercado de Calatrava supuso un antes y un después al comercio de productos frescos en Mérida, especialmente en la zona centro de la ciudad. Pero mayor fue el cambio para los tenderos, que en la mayoría de los casos habían pasado allí toda su vida de comerciantes.

Fruteros, carniceros y pescaderos dejaron la plaza de abastos y algunos de ellos vieron la oportunidad de montar su negocio en el centro, lo que les garantizaba mantener la clientela habitual. Es el caso de tres conocidos tenderos del Calatrava, Abdona Caballero, José Luis González y Juan Jesús Sánchez, que se lanzaron a la búsqueda de un local donde continuar su actividad.

En la zona más comercial de Mérida se instaló la frutería Dona, que expone su género a la entrada de un pequeño local de la calle Santa Eulalia. En otra de las vías más transitadas del centro de la ciudad, la calle Berzocana, se ubica desde abril la carnicería González. Los hermanos Sánchez Lázaro encontraron en Marquesa de Pinares un local perfecto para ubicar su pescadería.

El cierre del Calatrava supuso un gran cambio para los tenderos que trabajaron siempre allí

Para la popular frutera Abdona Caballero fue complicado encontrar un local asequible para instalarse. Finalmente lo encontró en la calle con más tránsito de todo Mérida, un pequeño local, con una superficie similar a la que tenía en el mercado pero con una disposición que le permite incluso tener más fruta.

Cuenta que tenía claro desde el principio que iba a trasladar su negocio del mercado a alguna parte, porque lleva toda su vida dedicándose a la venta de fruta y es lo que le gusta hacer. Comenta que estar en la calle Santa Eulalia, cerca del antiguo mercado, le ha permitido conservar sus clientes y ganar nuevos, pues es una zona por la que también pasan turistas.

«En el mercado iban turistas a llevarse fruta y verdura de la tierra, pero aquí también lo ven y se acercan», explica esta frutera tan conocida por los emeritenses.

Expone su producto a la puerta del local para atraer a turistas y viandantes que se suman a su clientela habitual. Entre la variedad de frutas y verduras frescas que tiene a la vista, aquí sigue vendiendo sus populares berenjenas en vinagre, y también se le acercan a pedir un plátano como tentempié de la mañana.

Dona mantiene además el mismo horario que tenía en el mercado, pues abre solo por las mañanas, para dedicarse a asuntos personales y a su familia el resto del día. Así, aunque en otro lugar y con otras vistas, sigue haciendo su vida.

Algunos negocios continúan en locales del centro con más gastos pero a los que llegan más clientes

Recuerda no obstante lo mejor del mercado, más festivo y muy dinámico, pero también más frío y con menos comodidades que las que tiene ahora en su local en el centro. Se muestra contenta con su negocio en la calle Santa Eulalia y su idea es permanecer aquí.

A solo unos pocos metros y en una calle paralela se encuentra otro de los tenderos del mercado. José Luis González pasó más de 40 años vendiendo carne en la plaza de abastos. Él cuenta que podría haberse retirado ya, pero se dejó llevar por la iniciativa de su sobrina para reubicar la carnicería en algún lugar de la ciudad. El negocio les va bien, gracias a la clientela que le compraba en el mercado durante mucho tiempo, sobre todo vecinos del centro y señoras que prefieren hacer la compra con el clásico carrito en lugar de ir en coche a una gran superficie.

Más calentitos en invierno

Además, le han surgido nuevos asiduos a su carnicería, que es bastante más grande que el puesto que tenía en la plaza de abastos. «Aquí estamos más calentitos en invierno y más fresquitos en verano», dice José Luis González, y recuerda que en el mercado «se pasaba muy mal» por la falta de acondicionamiento. Desde que están en la calle Berzocana, hace ya cinco meses, esta carnicería abre también por las tardes. La buena marcha del negocio les permite afrontar los mayores costes que supone un local en el centro.

Preguntado por si volvería al mercado, lo rechaza. «Me coge después de muchos años. Yo personalmente no volvería, pero mi sobrina a lo mejor sí», señala. Sin embargo, le gusta más el trabajo en el mercado, donde «todos teníamos que tener un punto de locura, uno se hace más extrovertido».

Los últimos en abandonar la plaza de abastos fueron los hermanos pescaderos Sánchez Lázaro, que ahora despachan en la calle Marquesa de Pinares desde finales de marzo pasado. Mientras agotaban los últimos días con su puesto en el mercado buscaban un local para seguir con su negocio.

«Intentamos no alejarnos mucho de la zona pensando en nuestra clientela», explica Juan Jesús Sánchez Lázaro. Valora las comodidades de una tienda en el centro, que también supone costes superiores. Por ello, espera que a final de año las cuentas reflejen que las ventas compensan los gastos. Preguntado por si volverían al mercado, responde que, aunque es allí donde estuvieron toda la vida, su intención y la de su hermano es seguir en Marquesa de Pinares, «pero depende las condiciones que pongan», añade.

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