«Al mismo tiempo que Mérida se modernizaba perdía su identidad»

Antonio Salguero, con su libro 'Mérida abarcable (1950-1960)'. :: j. m. romero/
Antonio Salguero, con su libro 'Mérida abarcable (1950-1960)'. :: j. m. romero

El escritor ha presentado un libro de recuerdos que responde a las preguntas de cómo era la ciudad en la década de la mitad del siglo XX

M. Ángeles Morcillo
M. ÁNGELES MORCILLOMérida

Antonio Salguero nació hace 62 años en la localidad pacense de Talavera la Real. Ha pasado muchos años de su vida en Torremayor (Badajoz) y como está casado con una emeritense lleva ya en la capital autonómica desde 1987.

Es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura, Premio Extraordinario de Doctorado, profesor de Lengua y Literatura en el IES Emerita Augusta de Mérida y en la UEx e investigador de la Literatura de Extremadura.

Acaba de presentar 'Mérida abarcable (1950-1960)', un libro de recuerdos de cómo era y cómo se vivía en la ciudad en aquella década.

Señala que le debe mucho a los poetas emeritenses Jesús Delgado Valhondo y Rufino Félix Morillón

Esta publicación surgió cuando, en 1987, el poeta emeritense Jesús Delgado Valhondo recomendó a Antonio estudiar la Revista 'Gévora' en su tesina. Eso le abrió las puertas para conocer las revistas literarias extremeñas, entre ellas algunas de Mérida. A través del estudio de estas publicaciones llegó al conocimiento de otras dos revistas que no eran poéticas, pero que habían publicado mucha poesía, como eran la Revista 'Mérida' de la Feria y el semanario 'Mérida'.

Con toda esa documentación en sus manos, la primera idea de Antonio era hacer un libro que se titulara 'Mérida, la ciudad de la poesía'. «Pero con el tiempo me di cuenta de que ya había estudiado mucho la poesía de la ciudad. Y como disponía de mucha documentación tiré por el otro lado», explica.

Recuerda que un farmacéutico de Arroyo de San Serván (Badajoz) tenía todos los números del semanario 'Mérida'. «Sin conocerme de nada, me los llevó hasta casa. Entonces me puse en contacto con la Biblioteca del Estado de Mérida y fueron sus responsables quienes hicieron una copia de todas estas publicaciones, que son verdaderos tesoros».

Mérida despierta del letargo

Fue entonces cuando se dio cuenta de que disponía de mucha información para hablar de la época clave de Mérida. «Es cuando la ciudad despierta de su letargo de siglos con el Plan Badajoz. Porque Mérida, desde que cayó el Imperio romano, era una aldea. Un lugar pequeño donde todo el mundo se conocía. De ahí el título de Mérida abarcable».

Quiere aclarar que este libro es la recuperación de una época muy importante, aunque advierte que no es un estudio histórico exhaustivo. «Es un libro de recuerdos. Por eso no se incluye todo lo que sucedió en la ciudad en esa época. No es un libro de historia. Por lo tanto, quien quiera hacerlo así que lo termine». En él el lector se encuentra con un montón de anécdotas, algunas luctuosas y otras muy positivas. «He notado, por ejemplo, que había mucho interés por lo social. La gente se volcaba mucho en ayudar a los demás con ropa, comida, dinero. La sanidad hacía lo que podía, bastante para la época que era y fue la lucha de mucha gente la que consiguió forjar la Mérida de esa época».

Para él, el comienzo de este libro tiene su fecha en 1987. Cuando Jesús Delgado Valhondo le encarga el estudio sobre la revista Gévora. «Sin esto nunca hubiera seguido estudiando las revistas extremeñas. Por lo que, si echamos cuenta, he tardado 31 años en hacerlo, más de media vida. Aunque lo que es el trabajo de ponerse a escribir y editar me ha costado unos dos años».

Antonio resalta «el magnífico trabajo» de impresión que ha hecho en este libro la imprenta de la Diputación de Badajoz, que está editado por la Biblioteca Municipal Juan Pablo Forner. Tampoco se olvida de la ayuda que le ha prestado mucha gente a la hora de recopilar información, destacando por ejemplo la labor de los bibliotecarios que han colaborado con él. «Este es un proyecto de mucha gente. Una publicación así no la puede hacer una persona sola. Aunque el trabajo de ermitaño y silencioso siempre lo tiene que hacer uno. Ha sido un trabajo de mucho madrugar, pero un trabajo muy gustoso de hacer», insiste.

Declara que, a lo largo de estos años y desde la década de los 50 y 60, Mérida, «al mismo tiempo que la ciudad se modernizaba y crecía perdía su identidad, su esencia y destrozado su personalidad». Pero también reconoce que, poco a poco, con las empresas que se montaron en la ciudad como la Corchera o el Matadero floreció de nuevo.

La siguiente década, la de los 60, que tiene ya pensado plasmar en un libro como continuación de este, la describe como «la Mérida de las sirenas», con los sonidos de esas grandes fábricas que hicieron de la capital autonómica una ciudad industrial. «De esa época tan interesante ya he encontrado algunas cosas con las que puedo comenzar. Como mucha documentación del poeta emeritense Rufino Félix Morillón».

¿Cómo vivían los emeritenses?, ¿cuáles eran sus preocupaciones?, ¿cómo se divertían?, ¿cómo se celebraban las Ferias?, ¿cómo se vivían los toros?, ¿que aceptación tenían los deportes o cuáles eran los focos de cultura? son algunos de los interrogantes a los que responde Mérida abarcable, aquella ciudad que Rufino Félix sigue queriendo rescatar «porque la abarcaba con mis brazos y me cabía en el alma».

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