«Aunque me quitaron las piernas, tengo manos, puedo ver y estoy vivo»

José Luis Quesada, con sus prótesis 'guerrilleras'. :: j. m. romero/
José Luis Quesada, con sus prótesis 'guerrilleras'. :: j. m. romero

José Luis Quesada cuenta cómo es su nueva vida en Mérida tras sufrir una enfermedad por la que se le han amputado las dos piernas

M. Ángeles Morcillo
M. ÁNGELES MORCILLOMérida

Sus ojos verdes hablan de esperanza. Y su sonrisa de la fuerza y el ánimo que le acompañan en la nueva vida que le ha tocado vivir, sin sus dos piernas, por una doble amputación a causa de una bacteria. Tiene una gran fuerza mental, lo que le ayuda a seguir adelante en esta difícil situación.

José Luis Quesada nació en Mérida hace 39 años y, hasta ahora, no se había movido de la ciudad. Comenzó sus estudios en las Josefinas, luego pasó a los Salesianos y cuando llegó a COU ya sintió la necesidad de ponerse a trabajar. Estuvo de encargado en Telepizza y también hizo trabajos musicales para eventos como bodas o comuniones.

Todo le iba bien. Hasta febrero del año pasado. Tras pasar el fin de semana de Carnavales de 2017 con sus amigos, despertó el lunes muy cansado «de no querer levantarme de la cama». Se notó en una de las piernas una especie de pinchazo y observó que le salieron tres granos. No le dio importancia.

El pasado abril le pusieron las prótesis definitivas, aunque aún le queda una octava operación

Pero el cansancio y la fatiga siguieron. Horas después notaba que la pierna derecha se le cargaba mucho y la sentía muy pesada a la hora de levantarse, caminar, conducir...

«El Martes de Carnaval me acerqué a urgencias de atención primaria. Después de hacerme varias pruebas y análisis no salía nada. No tenía fiebre, tampoco tenia herida. Así que me mandaron para casa».

Al día siguiente la cosa se complicó aún más. Ya no solo la pierna se le iba hinchando más. Se le pararon los riñones y comenzó a tener los ojos amarillos.

Se fue directamente al Hospital de Mérida. Llegó con los riñones muy afectados y pasó la noche en observación. Le vieron muchos médicos pero, por el momento, la bacteria no daba la cara. Aunque él notaba que cada vez se iba debilitando más.

23 días en la UCI

Esa misma madrugada le pasaron directamente a la UCI y le entubaron y estabilizaron. A partir de ahí José Luis no supo más de lo que le iba a pasar, pues le sedaron. Así estuvo 23 días. «Estuve en el Hospital de Mérida desde el 1 al 13 de marzo. Durante ese tiempo me rajaron por varias partes del cuerpo para ver de dónde podía venir la bacteria y hacerme los cultivos».

Los resultados hablaron. Los médicos confirmaron que se trataba de la bacteria 'Streptococcus pyogenes', muy voraz. «Contamina la sangre y se lleva todo lo que encuentra. Con este panorama le dijeron a mis padres que me quedaban 48 horas. En los picos que daba de vida, los médicos aprovechaban para hacerme las curas u operarme dentro de la UCI. Curas de turnos completos de enfermeros».

Esa bacteria, según le contaron a José Luis, se llevaba primero las piernas, después los brazos y después le quedaba sin ojos, nariz ni boca.

Ante esta situación, le trasladaron al Hospital Universitario de Getafe, a la UCI de la Unidad de Quemados, donde le amputaron y limpiaron las dos piernas. La izquierda por debajo de la rodilla y la derecha por encima de ella. «Tuvieron que hacerme injertos para poder reconstruir el muñón derecho. Los injertos me lo quitaron de la zona del abdomen y de la barriga».

José Luis por fin despertó. No sabía ni donde estaba. Incluso llegó a pensar que permanecía en un psiquiátrico. «Los médicos me contaron lo que me había pasado. En esos momentos me quedé con lo más importante, que estaba vivo. Y pensé, pues para adelante. De hecho, aunque sabía que me faltaban partes de mi cuerpo, no me hizo falta ayuda psicológica».

Porque en esos momentos José Luis valoró, no lo que le faltaba, sino lo que tenía... sus manos, sus ojos, su familia y, sobre todo, las ganas de vivir. «Hay mucha gente que no tiene manos, que no puede ver. Pero yo puedo seguir haciendo cosas, porque la medicina cada vez está más avanzada. Y eso me va a permitir llevar una vida, no como antes, pero sí con muchas cosas buenas a mi alrededor y lo más independiente posible».

José Luis volvió a casa el 26 de mayo. Allí siguió con sus curas. Aunque cada 15 días tiene que ir a Madrid, donde le siguen la evolución.

Una vez que terminó con las curas comenzó con la rehabilitación y a tratar los muñones. «Poco a poco noto que voy cogiendo masa muscular, que ya me puedo transferir de una silla de ruedas a una camilla, que ya no tengo que utilizar la grúa...». En definitiva, empieza a motivarse.

Ponerse las prótesis

En octubre del pasado año, los médicos le dicen que los injertos están bien. Ahora llega el momento de ponerse las prótesis. Elige una ortopedia de Barcelona, donde acude cada seis meses para hacerse los ajustes de estas. En abril de este año se puso las definitiva, aunque aún le queda una octava operación, un retoque del muñón que tiene los injertos. «Empecé a andar con un taca taca, por las paralelas, algo que para mí fue una superación impresionante. A día de hoy no me he caído al suelo y me están enseñando a subir y bajar escaleras, rampas...».

José Luis se quita las prótesis cuando está en casa, cuando se tiene que duchar o cuando se cambia de ropa... Y bromea diciendo que se viste como si fuera un maniquí.

De la intensa vida deportiva que llevaba antes de sufrir las amputaciones le queda la fuerza física y un cuerpo atlético y entrenado. Aparte del running, José Luis se aficionó a la Ciudad Deportiva desde que abrió. Allí practicaba natación y entrenamiento de fitness. Ahora hace lo que puede y en casa ya levanta alguna pesa, además de la rehabilitación que le obliga su situación.

Su familia, sus padres y hermana, son el gran pilar en el que se apoya. Y no tiene palabras suficientes para agradecerles todo lo que hacen por él. «Yo lucho cada día para sacarles una sonrisa y demostrarles que sí se puede. Porque tengo piernas de quita y pon, pero tengo piernas. Y lo más importante, sigo vivo».

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