«Intentamos salvar varias veces a mi hija pero se nos ha ido sin saber por qué»

Exterior del hospital Materno Infantil de Badajoz./HOY
Exterior del hospital Materno Infantil de Badajoz. / HOY

Una niña emeritense de 5 años fallece tras ingerir un fruto seco en su domicilio y acudir dos veces al hospital

Celestino J. Vinagre
CELESTINO J. VINAGRE

Roberto y Rocío, de 30 y 31 años, enterraron este martes a su hija de cinco años en Mérida. La pequeña falleció en el hospital Materno-Infantil de Badajoz a causa de «una parada cardiocirculatoria secundaria a insuficiencia respiratoria», informa el SES. El origen de esa parada apunta a la ingestión de un fruto seco (maíz tostado) que la menor comió el sábado por la tarde en su domicilio situado en la avenida emeritense de Felipe Corchero. «Provocada probablemente por la presencia de un cuerpo extraño en las vías respiratorias», especifica Sanidad. «Intentamos salvarla en varias veces pero no pudimos», lamentaba este martes el padre en declaraciones a HOY. «Se nos ha ido sin saber por qué», agregó.

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El relato de los últimos tres días de la vida de este joven matrimonio y la trágica muerte de su hija arranca el sábado por la tarde, minutos después de la comida. «Estábamos en el salón del piso. Como hacen los críos, la niña se puso a comer algo de chucherías. Gusanitos, chocolate, algunos 'quicos'. Se atragantó con uno de ellos», empieza a contar el padre. «Lo escupió. No solo eso, devolvió, pero la niña respiraba con dificultad y tosía de forma muy rara a pesar de ello. 'No me gusta como está la niña. Vamos a ir al hospital'», me dijo mi mujer. Y decidimos ir a Urgencias».

Roberto explica que esa llegada a Urgencias del hospital emeritense, la primera de las dos antes de ser trasladada en estado muy grave a Badajoz, no aventuraba un desenlace fatal. «La niña estaba digamos bien. Llegó sonriendo a Urgencias. Nos atendió, por lo que sé, una médico de familia, no un pediatra. Ella estaba con buena cara a pesar de que no se le iba la tos», incide.

«La médico le exploró la garganta. Dijo que estaba irritada. Le hicieron unas radiografías pero no vieron nada y a las 17.58 nos dio el alta. Llegó a casa de nuevo con buena cara. Pero al poco tiempo la niña se empezó a poner peor», prosigue. El matrimonio decidió entonces llevarla al centro de salud de la Zona Norte, a cuatro minutos de su domicilio, más cercano que el hospital. «Allí nos atendió una pediatra, no una médica de familia. Mejor, pensamos. pero la niña cada vez empezó a respirar peor. Se puso peor. Entró en parada», expresa.

En el mismo centro de salud la reanimaron y la llevaron, cuenta su progenitor, en una ambulancia, una UCI móvil, de nuevo al hospital de Mérida. «Todo iba a peor. No sé qué pasó exactamente pero vi que la entubaron y la llevaron a quirófano. Le hicieron una pequeña abertura. Pero mi hija no mejoró. De madrugada (el domingo ya) la llevaron al Materno».

Ya en Badajoz, el matrimonio percibió un atisbo de esperanza en el delicado estado de salud de su hija. «Entró en la UCI. Lograron entubarla mejor y parece que reaccionó. Me acuerdo que la niña, ya entubada, nos sonrió cuando le animamos, le dijimos 'vamos, campeona'», narra emocionado su padre.

«'Es un buen síntoma. Ha reaccionado', nos dijeron allí al responder la niña con esa sonrisa. Pero ya nos empezaron a pintar la historia muy negra. Estaba muy grave».

En el Materno le comunicaron que iban a explorar a su hija «para ver si tenía alojado un cuerpo extraño. La exploraron. No se me olvida que un otorrino se presentó y nos dijo que no se le podía extraer nada porque no veía ningún cuerpo extraño. Poco después se nos fue», concluye Roberto.

La pequeña Rocío murió antes del mediodía del lunes. Este martes fue enterrada tras una misa funeral a las doce en la Concatedral de Santa María. La familia sigue de duelo y no ha decidido con certeza si acudir a la vía judicial por posible negligencia médica. «Lo más seguro es que pongamos una denuncia. Que sirva por lo menos para que tengamos más pediatras», finaliza Roberto.

La niña fallecida tiene otra hermana, de veinte meses de edad. El colegio Trajano, donde estudiaba, se ha volcado en el apoyo a sus padres.