Elías Chavete, el primer maratoniano extremeño

Elías Chavete, el cuarto por la izquierda, en el homenaje de hace dos meses en Sevilla. :: HOY/
Elías Chavete, el cuarto por la izquierda, en el homenaje de hace dos meses en Sevilla. :: HOY

El atleta de Mérida que falleció el domingo tenía más de sesenta maratones y de cien medias desde que empezó en los 80

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

Espartano, metódico y experimentado. Por eso sorprende mucho la muerte de Elías Chavete en el mundo del atletismo popular. En Mérida se le veía entrenar por La Isla o en la zona del 'desmonte', detrás del colegio Salesianos. Falleció en Valencia. Aprovechó para visitar a su hijo y se apuntó a un trail, como la de Condado de Medellín o de la Sierra de Tentudía que ya había corrido.

La muerte repentina de un atleta en una carrera se suele achacar últimamente a la imprudencia de neófitos que se calzan las zapatillas sin haber hecho un test de esfuerzo o un examen médico.

Más información

Elías Chavete está lejos de este patrón. A sus 62 años, contaba con muchas horas de vuelo. Era de los maratonianos más experimentados de Extremadura y uno de los pioneros. De los que corría en chándal por Mérida a finales de los setenta aguantando la bromas de los peatones.

Uno de los que empezó con él y todavía sigue en La Isla, Manuel Martínez, vivió aquella primera época. «Éramos una extravagancia. Había mucha guasa con nosotros».

Martínez y Chavete han compartido afición durante cuarenta años. Más allá del atleta, guarda el recuerdo de alguien humilde. Huía de los alardes y siempre animaba a los que empezaban. Estuvo muy cerca de la elite. En sus mejores años, casi rompe las dos horas y media en el maratón. Algo inédito en a los ochenta. Funcionario en el psiquiátrico de Mérida, Elías se había ganado el respeto de los 'popu' (corredores populares) en Sevilla.

En la última edición del Zurich Maratón hispalense le entregaron un dorsal vitalicio para la prueba por haber terminado todas las ediciones desde 1985. La organización le homenajeó junto a los otros cinco participantes con pleno.

Preparación

Varios compañeros de entrenamientos del club Atletas Populares de Mérida recuerdan estos días algunos de esos viajes a Sevilla. Quedaban de madrugada, a las cuatro o la cinco, y durante el trayecto recorrían en voz alta el circuito de cabeza. De Los consejos que te daba, cuenta uno de los que corrió con él, siempre te acordabas en la carrera. Merecía la pena escucharle. «No comprendo mi vida sin correr. Jamás me perderé esta maratón mientras me aguanten las fuerzas», escribió para un periódico local de Sevilla antes de la edición del año pasado. Se había convertido en la voz de los anónimos que llenan las calles de Sevilla.

El doctor Eduardo Subirán, otro veterano maratoniano, lo define como una referencia para muchos de los que vinieron después. En el 25 aniversario del Club Maratón de Badajoz le reconocieron no haber faltado a ningún año a su prueba. «Detrás de su muerte solo hay una fatalidad. No es una imprudencia de alguien que va al límite. Estaba sobradamente preparado para un esfuerzo de veinte kilómetros».

Fatalidad es también la explicación que más repiten desde el domingo en Atletas Populares Mérida. «Nos veíamos corriendo por la ciudad y en las pruebas de otros sitios, por eso nos propusimos crear un club aquí en Mérida», cuenta Pablo Pozo. Chavete ayudó a poner en macha el club. Acostumbraba a atarse el globo a la espalda y hacer de liebre para marcar el tiempo a los demás y levantaba el ánimo a los que se quedaban por el camino. «Sabía mucho de atletismo, pero era muy humilde», insiste.

Pozo da un dato muy ilustrativo de lo que supone Elías. «No hay en el club nadie con más metas cruzadas a sus espaldas. Y nadie con pleno en Badajoz y Sevilla. Quiso que su media maratón número 100 fuera en Mérida. «Siempre se la tomaba como un entrenamiento para Sevilla, pero la cien la entrenó a conciencia».

En el club hablan de un maestro y de un reloj andante. Antes de empezar, siempre clavaba su tiempo en meta. «Eso solo lo hace alguien que sabe mucho de esto», recuerda Pozo.

Con Elías se va parte de parte de la primera generación de maratonianos de Extremadura. Empezaron cuando correr cuarenta kilómetros tenía más de locura que de exhibicionismo social. Nombres como Carmelo Durán, de Fregenal de la Sierra, Carlos Alcario, de Badajoz, o los también emeritenses Miguel Ángel Contador y Diego Carrasco Lozano abrieron paso a los que hoy se ponen los dorsales cada domingo.